Si se toma en cuenta que los gobiernos de izquierda son mucho más proteccionistas, es previsible -e inevitable- todo lo que está ocurriendo entre Brasil y la Argentina. Así se explicarían los conflictos que asoman semana tras semana entre los principales socios del Mercosur -sin contar ya la difícil relación con Paraguay y Uruguay-. Lo nuevo ahora pasa por trabas que la Argentina lanzó para importaciones de calzado y artículos de línea blanca, y que quiere prorrogar hasta julio de 2007. Fue en el marco de lo que se llamó MAC, el mecanismo que ideó Roberto Lavagna y que no tuvo mucha utilidad. Brasil lo rechaza por completo. A esto se suma el conflicto por las exportaciones argentinas de harina que desde el 3 de agosto están bloqueadas. Paradójicamente Felisa Miceli viajará a Rio el jueves para avanzar en el proyecto de una moneda común con Brasil, entre otros temas. Suena como una idea a concretar en un plazo muy largo cuando ni siquiera hay acuerdos en temas básicos.
La Argentina buscará mantener las trabas para importar calzado y productos de línea blanca desde Brasil hasta julio de 2007 como mínimo. Hasta podrían aplicarse medidas más duras como las licencias no automáticas.
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Esto es lo que responderá esta semana el secretario de Industria, Miguel Peirano, a la amenaza realizada por Brasil de dejar de aceptar las restricciones a sus exportaciones de calzado (especialmente deportivo), heladeras, lavarropas y cocinas. Para la Argentina, éstas son producidas con subsidios estaduales. Peirano se reuniría en Brasil con funcionarios del Ministerio de Desarrollo. En ese encuentro se cruzará con Ivan Ramalho, secretario ejecutivo de esa cartera, quien el viernes había anunciado que las medidas proteccionistas de la Argentina dejarían de aplicarse.
Según declaró Peirano ayer, «los acuerdos entre privados y las limitaciones a importaciones de Brasil en sectores sensibles a los subsidios de ese país siguen vigentes y, en ese sentido, la industria del calzado y de línea blanca seguirán enmarcados en esta política».
Negociación
Hasta julio de 2007 el volumen de productos que podría ingresar dependerá de un cupo actualizado por el nivel de crecimiento de la economía local. Sin embargo, se reconoce desde la Secretaría de Industria que la vigencia de estos acuerdos depende de una negociación entre los dos países, ya que son tratados entre privados que luego ambos gobiernos refrendan o rechazan.
Ante este panorama, Economía está decidido a tomar dos medidas si finalmente Brasil no acepta más los cupos. La primera será la aplicación de licencias no automáticas, un mecanismo de relativa legalidad y generalmente relacionado con trabas paraarancelarias, prohibidas dentro del Mercosur. Ya se impulsó este tipo de restricciones al calzado deportivo brasileño, a comienzos de 2005.
La segunda es la de comenzar los trámites para sancionar a los estados brasileños que subsidian a empresas de esos sectores a través de la xención de impuestos y del pago de servicios públicos.
Desde el gobierno de Néstor Kirchner se confía en que en realidad la amenaza de dejar de aplicar las restricciones a las importaciones brasileñas es una necesidad electoral del presidente Lula, que necesita fortalecer su posición en estados donde la presencia de empresas manufactureras de calzado y líneablanca es importante. Economía considera que la aplicación de estas medidas proteccionistas es imprescindible para que muchas de estas compañías continúen evaluando seriamente la posibilidad de instalarse en la Argentina, tal como ya lo hicieron al menos cinco productores brasileños de calzado y no menos de tres fabricantes de artículos de línea blanca.
En la Secretaría de Peirano afirman, además, que ya hubo varias acciones a favor de una política de apertura hacia Brasil en sectores donde no se producirían daños, al aceptarse un incremento para las importaciones de acondicionadores de aire y automóviles que sean producidos por terminales sin plantas en el país.
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