14 de junio 2001 - 00:00

Pasajeros fueron rehenes de la protesta de gremios

Los pasajeros que ayer intentaron llegar al aeropuerto de Ezeiza debieron superar una hilera de 5 kilómetros de autos varados en la autopista Ricchieri, atravesar la manifestación de los gremios de los empleados de Aerolíneas Argentinas y hacer una cola de 100 metros para que un oficial de la Policía Aeronáutica los autorizara a seguir su camino.

Una vez superada la valla de agentes del orden, gente, periodistas y tránsito parado, el aspirante a llegar a Ezeiza debió caminar -con las valijas a cuestas-aproximadamente tres kilómetros más por imperio de la presión que ejercieron los gremios. La travesía no terminaba allí: dentro del aeropuerto, alrededor de 250 manifestantes se aseguraban de que si la empresa que el viajero había elegido era Air Plus, Iberia o Spain Air, no pudiera abordar su vuelo.

Todo el despliegue comenzó cerca de las 15 de ayer, a tres mil metros de la terminal aérea, cuando un grupo de la Asociación de Personal Aeronáutico (APA), equipado con banderas y bombos y con la intención de unirse a sus compañeros que ya estaban en Ezeiza, fue impedido de pasar por una barrera de policías aeronáuticos, bonaerenses y gendarmes.

«En total -comentó el secretario de prensa de APA, Hugo Perosa-había unos 1.000 efectivos, una exageración.» No le pareció exagerada, en cambio, la medida que dejó como «rehenes» de la protesta a cientos de pasajeros que pretendían salir del país. La queja fue repetida por el secretario general de APA, Ariel Basteiro, luego de comunicar a los presentes que había hablado con el ministro de Defensa de la Nación, Horacio Jaunarena, y le iba a contestar «si iba o no a permitir el acceso al aero-puerto». Sin comentarios.

A eso de las 17.00, Basteiro volvió a hablar con los presentes para explicarles que había hablado «con el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y nos pidió que hagamos la asamblea en otro lado, que nos vayamos». No lo hicieron, desde ya.

Caminata

En tanto, los pasajeros seguían -en resignado silencio que contrastaba con los bombos y las consignas-andando los tres kilómetros que los separaban del aeropuerto.

El cenit de la tensión se produjo cerca de las 18, cuando comenzaron las peleas, empu-jones e insultos entre el personal policial y los manifestantes. En ese momento llegó al lugar una veintena de legisladores que se encargaron -junto con los «gordos» de la CTA-de formar un cordón humano para que
«no nos matemos», según los gremialistas, y según ellos «para expresar su solidaridad con los trabajadores y garantizar que no haya represión».

Estuvieron, entre otros, los diputados socialistas
Alfredo Bravo y Oscar González, del bloque Argentinos para una República de Iguales (ARI), Jorge Rivas, Eduardo Macaluse, María González, Héctor Polino y la diputada de la Ciudad Vilma Ripoll.

El «abrazo de los diputados y la CTA» sumó otro impedimento en el camino de los pasajeros, que duró aproximadamente 60 minutos. En el ínterin Bravo dijo, casi asfixiado por la presión del cordón humano:
«Queremos que esto sea pacífico, queremos que se defienda el patrimonio nacional, esto no es una cuestión laboral, es una política de Estado».

Paralelamente, los presidentes de los bloques de diputados de la Alianza,
Darío Alessandro, y del justicialismo, Humberto Roggero, se comunicaban con De la Rúa para evitar incidentes como el ocurrido el día anterior.

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