Pedido de Lavagna: frenar salarios y obra pública
No disimuló Roberto Lavagna ante los ministros de Economía de provincias su preocupación por el despegue de los precios. Sabe el ministro que éste no es el mejor año para hablar de limitar gastos en medio de presiones electorales. Pero a pesar de todo, fue directo con los encargados de las finanzas de los gobernadores: no puede haber aumentos salariales y menos hacerse campaña con más obra pública. El pedido de Lavagna es acertado. Fue antes de partir a Japón a la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo. Implica intentar quitarles a las provincias el arma populista por excelencia para batallar una elección. Habrá que ver la actitud que tomará el gobierno nacional en el mismo sentido. El propio Néstor Kirchner salió a flexibilizar otras posiciones duras del ministro como ésta. Subir sueldos de empleados públicos y hacer obra pública rinden votos a gobernadores y al Presidente. Pero más son los votos que se pueden perder si la inflación continúa en alza a 1,5% mensual. Lo que está claro es que finalizó la etapa de «bombear» la economía artificialmente sin que ello impacte en los precios.
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Domingo Cavallo
Hace una semana, el ministro, bajo estricta reserva, reunió a los jefes de las carteras económicas dentro del Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal. Es el órgano que creó la ley homónima para fiscalizar los límites de endeudamiento que esa norma impone a las provincias y el único que puede regir la aplicación y que, obviamente, está presidido por Lavagna.
• Ejemplo claro
Dentro de la tensión del momento -los ministros de economía estaban recibiendo un mensaje que tampoco gustaría cuando lo reportaran a sus gobernadores siempre adictos a anunciar obras públicas todos los días-, hubo un ejemplo claro que partió de un funcionario: «Hay que entender que si salen todos juntos a comprar bolsas de cemento al mismo tiempo al precio no lo para nadie».
Hubo, después, un tercer pedido: «Necesitamos también ayuda para hablar con los formadores de precios en cada provincia, no es una tarea que podamos hacerla sólo desde aquí».
A la salida los economistas provinciales estaban desconcertados. Habían visto a un Lavagna más que preocupado por el alza de la inflación, al punto que el encuentro fue un largo monólogo sólo sobre ese tema. De hecho, el cambio en el carácter del ministro era elocuente: no tenía nada que ver con el eufórico funcionario con quien se habían reunido, también en ese Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal, días antes del cierre del canje de deuda.
Y hubo uno de ellos que lanzó un acertijo en los pasillos que no pudo guardar por mucho tiempo: «Lavagna no es el único preocupado por la inflación». «¿Quién más?», le preguntaron. Desesperado por contar, siguió el funcionario provincial: «'Mingo' Cavallo». «¿Cómo está?». « Hecho un chancho y ansioso. Ahora en Estados Unidos, pero estuvo unos días en Buenos Aires para visitar a un pariente enfermo. Aprovechó el viaje y se reunió con conocidos de su equipo: les taladró la cabeza durante una hora hablando sólo de inflación».




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