1 de agosto 2001 - 00:00

PERSPECTIVAS DE CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA (01/08/2001)

Tras un viaje por Europa, un operador de la Bolsa de Nueva York -que se identifica con el nombre de Gordon Gekko, el mítico personaje de la película «Wall Street»- analiza el actual momento en los mercados internacionales. Dos temas centrales: las perspectivas de crecimiento de la economía y la entrada en vigencia a pleno del euro.

PERIODISTA: Sé que ha regresado de un viaje por Alemania. ¿Cómo se ve el mundo desde allá?

Gordon Gekko: Con una cuota de dramatismo menor que la que uno observa hoy en Estados Unidos o Inglaterra. Nadie me ha dicho como en Londres que la economía vacila al filo del precipicio.

P.: Pero Alemania también se desacelera.

G.G.: No hay dudas. El ministro de Economía, Werner Muller, todavía piensa que habrá un repunte en la segunda mitad y que permitirá un crecimiento de 2% este año. Pero es más la excepción que la regla. Todos los pronósticos privados son menos alentadores. No esperan un avance superior a 1,5% en 2001. Muller confía sobremanera en el consumidor alemán.

P.: Había muchas expectativas centradas en la reforma impositiva. En los recortes de Impuestos a las Ganancias que se tornaron efectivos a partir de este año. ¿Qué pasó?

G.G.: Con una mano se bajaron los impuestos, con otra se incrementó un impuesto especial sobre los combustibles. Si se toma en cuenta el alza de los precios del petróleo más ese gravamen adicional impulsado por los «verdes» (quienes integran la coalición de gobierno con los socialdemócratas) el saldo final de estímulo resulta neutro. Hoy por hoy, no hace diferencia.

P.: ¿Cómo afecta la fuerte caída de los flujos de comercio internacional?

G.G.: Alemania es una economía mucho más abierta que la de los Estados Unidos. Por lo menos si usted lo mide con referencia a la participación de las exportaciones en el total del producto bruto.

P.: ¿Cuánto más?

G.G.:
Un 28% en Alemania contra 11% en los Estados Unidos. Si usted piensa que el volumen real del comercio creció 13% en el 2000 y este año se desacelerará a 4%, tiene una buena aproximación del impacto relativo. Es muy duro.

P.: En los Estados Unidos, la Fed ha jugado un rol clave. Ha buscado compensar los efectos de la pérdida de dinamismo con una agresiva política de baja de tasas. No es el caso del Banco Central Europeo. ¿Lloverán las críticas? ¿O me equivoco?

G.G.: Se equivoca. Yo también pensé que, cuanto menos, en privado, escucharía más críticas. Si bien se aboga por tasas de interés más bajas, sólo en una reunión -entre una docenaescuché que Europa precisaba un Greenspan al frente de su Banco Central.

P.: Interesante.

G.G.:
Muy revelador. La adoración de la política monetaria es una religión que no cruzó el Atlántico. No se esperan milagros provenientes de Francfort.

P.: ¿La debilidad del euro no es un tema en la agenda?

G.G.: Es una fuente de preocupación. Muy importante. Inclusive por motivos prácticos, de muy corto plazo. No se olvide que las monedas y billetes físicos de euro se lanzan a circulación el 1 de enero. Será una ingeniería delicada. En Alemania se prevé el retiro del marco tras una convivencia con el euro de sólo dos meses.

P.: ¿Nada más?

G.G.:
El Ministerio de Finanzas estima que en las dos primeras semanas el euro ya habrá desplazado al marco en materia de transacciones, aunque todo el mundo entiende que la transición se facilitaría si el euro hubiese conservado el aura de fortaleza con que irrumpió en 1999. Con todo, estas mismas cotizaciones del euro, el año pasado, gatillaron una nerviosa intervención cambiaria mientras que ahora se digieren con filosofía.

P.: Pero no se responsabiliza al Banco Central Europeo.

G.G.: Duisenberg, su titular, nunca llegó a ponerse el traje de salvador como para hacerse cargo ahora del costo de una decepción. Lo que sí se percibe es una intensa especulación acerca del final anticipado de su mandato. Desde quienes apuestan a que se alejará tras terminar con la tarea del reemplazo de las monedas nacionales por el euro. O sea en marzo. O los que piensan que se irá un poco después, el 31 de mayo de 2002. Cuando cumpla exactamente la mitad de su período de ocho años. Pero nadie espera un giro copernicano de quien quiera resulte su sucesor.

P.: Nadie esperará un Greenspan francés.

G.G.: Ciertamente, no.

P.: Me imagino que las tasas de interés habrán bajado en Europa mucho antes de que se vaya Duisenberg.

G.G.: En abril y mayo hubo un salto en la inflación que dejó a mucha gente nerviosa. El umbral aceptable es 2% (es el mandato expreso que rige al BCE) aunque ya van 13 meses consecutivos en los que el registro de precios minoristas resulta superior. En mayo, inclusive, el costo de vida armonizado en los 12 países que conforman el área del euro trepó a 3,5%. La baja del precio del petróleo y la incipiente recuperación del euro han revertido la situación en junio.Y una nueva retracción se vaticina para julio a caballo de información preliminar de varios estados en Alemania e Italia. Se piensa también que la aftosa -un jugador inesperado que contribuyó fuertemente al alza de precios de los alimentos tras la histeria que dejó el mal de la «vaca loca»- perderá protagonismo.

P.: La calma en el frente de precios permitirá un mayor margen de acción para la política monetaria. ¿O no?

G.G.: Pienso que en ese marco no habría inconvenientes para una reducción de tasas en setiembre. Después de la reunión de la Fed del 21 de agosto (que también promete dejar un obsequio de un cuarto de punto en los Estados Unidos). Es menos probable, pero dista de ser un imposible, que la decisión se adelante para la segunda reunión del BCE de agosto. El día 30. Sería una sorpresa módica.

P.: ¿Suficiente para impulsar de nuevo la confianza en Europa?

G.G.: Ceteris paribus, no. No creo que sea tan potente. Aunque podría estimular la posición relativa del euro si mejora la percepción de crecimiento de Europa vis a vis los Estados Unidos. Un euro sólido, de paso, mitigará la suba de precios. Por último, las moderadas expectativas que despierta el BCE podrían ser un activo si los efectos positivos de los recortes de tasas efectuados por la Fed demoran mucho tiempo en aparecer en los Estados Unidos. Quizás esta pieza coincida con el propio lanzamiento del euro como moneda que se puede ver y tocar y, como todavía les gusta a los alemanes, tener a mano en la billetera.

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