El precio del petróleo en el mercado internacional sigue altamente sensible a las informaciones sobre el conflicto entre EE.UU. e Irak. Ayer, la cotización del West Texas Intermediate (WTI) tuvo un alza de 2,8% en el mercado de Nueva York, por renovadas expectativas de que Estados Unidos lanzará una ofensiva militar contra Irak y en espera de un posible descenso de reservas almacenadas.
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El precio de los contratos para abril del WTI, el de referencia en el mercado de EE.UU. y la Argentina, se incrementó en 1,01 dólar, para situarse en 36,89 dólares por barril. De esta forma, la cotización del WTI modificó ayer la tendencia bajista que mostró en las últimas tres sesiones y recuperó el nivel de los 37 dólares por barril a que cerró el miércoles pasado, cuando se informó un descenso de las reservas almacenadas en EE.UU.
Los operadores prevén que las cifras que divulgará hoy el Departamento de Energía de ese país mostrarán una nueva reducción en el nivel de los stocks estadounidenses, al seguir alta la demanda de combustibles y en particular el destinado a calefacción, debido a las bajas temperaturas que persisten en la mayor parte del país.
Los analistas relacionaron también el alza de precios con renovados temores del mercado sobre las consecuencias de un ataque de EE.UU. a Irak.
En el mercado local, no hubo contactos entre el gobierno y las empresas petroleras sobre la continuidad de la tregua de precios que, en principio, fue prorrogada sólo hasta el 31 de marzo. Pero tampoco Economía avanzó en su proyecto de aumentar las retenciones a los hidrocarburos, mientras sería creciente la preocupación oficial por una posible escasez del gasoil entre abril y junio, el momento culminante de la cosecha gruesa. Hay algunas petroleras que ya habrían adelantado que no van a importar gasoil a precio internacional para venderlo aquí a menor valor, siendo que en la época de la cosecha habitualmente hay un faltante de combustible que se cubre con compras al exterior.
El año pasado, el gobierno de Eduardo Duhalde ya se enfrentó al problema cuando, luego de la devaluación, las empresas dejaron de importar gasoil y, en algún caso, hasta redujeron la producción interna. En ese momento, la situación sólo empezó a remediarse cuando una ley eximió de pagar el impuesto a los combustibles al gasoil importado.
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