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Este gobierno querría hacerle al Fondo lo mismo que Cavallo a las provincias: suma fija independiente de la recaudación. Es difícil que prospere. Se pueden lanzar frases fuertes como «pagaremos si crecemos». Suena lógico, pero se supone que se pidió sin condicionamientos y además para crecer. ¿O nos acordamos de esto sólo al pagar? Además, Kirchner lanzó opiniones propias sin consultar con Lavagna, un poco postergado en esta visita.
Aparte de eso, le dijeron sí a Köhler para «un acuerdo a mediano plazo». Podría ser a 3 años. Pero el gobierno no quiere pagar nada de los u$s 6.000 millones con organismos internacionales que vencen este año porque el Presidente no quiere problemas con las 20 elecciones provinciales que restan hasta diciembre. El primer mandatario aspira a influir en cada una de esas elecciones con vistas a imponer candidatos propios aun contra los del justicialismo y ganarse su apoyo entre gobernadores y en el Parlamento. Esto le ha traído ya roces fuertes, sobre todo en Capital Federal. En el PJ comienzan a considerar que la «jugada electoral anti-Menem de Duhalde» derivó en un presidente con afán de armar un «movimiento progresista» al margen del movimiento peronista tradicional, aunque éste lo haya catapultado al cargo máximo.
En este esquema se requiere otro miniacuerdo del Fondo hasta enero postergando vencimientos elevados y luego un acuerdo de largo plazo. Es muy difícil lograr esta elasticidad del FMI, que tentaría a otros países. Además, el «monto fijo» es escaso. Por si todo eso fuera poco, si no hay acuerdo con el Fondo con un plan claro de recuperación de la economía del país no podrá haberlo para los 75.000 millones de dólares a resolver con acreedores privados, o sea el default actual. Menos aún llegar a presentar ese acuerdo en setiembre próximo como insinúa el gobierno.
O sea, todo muy endeble en cuanto a tratativas y una gran consecuencia: cada vez menos se ve un panorama de inversiones en el futuro cercano. Y sin inversiones no hay recuperación de fondo. Menos todavía en el empleo.
El país vive un panorama que se calculaba: situación nacional desesperante para cualquier presidente que hubiera asumido el 25 de mayo. En el caso de Kirchner, agravado por sus complejos de poder, indecisiones ideológicas y equipos preferentemente santacruceños, con el agregado de un Lavagna que decae en la medida en que sólo propone postergar la solución de los problemas.
A favor está que el mundo se encuentra preocupado sinceramente por Néstor Kirchner. El 4 de setiembre lo recibiría George W. Bush y ese mes hablará en la ONU. El mes que viene lo recibirían en Europa Tony Blair, Jacques Chirac y José María Aznar. O sea, nada está perdido, ni siquiera demasiado trabado. Todo está en juego. Claro, hay que saber jugar en este nivel.
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