La crisis de Aerolíneas Argentinas quedará envuelta a partir de hoy en la simbología clásica del 25 de Mayo, fecha que recuerda el primer enfrentamiento criollo con las autoridades españolas en el Río de la Plata. Grupos de protesta marcharán desde la Embajada de España hasta el Cabildo, frente al cual se harán representaciones con mazamorreras, distribuidores de escarapelas y gente con paraguas, todo bajo el eslogan clásico de que "el pueblo quiere saber de qué se trata". Por su parte, un grupo de diputados viajará a Madrid este fin de semana para discutir allí, a la par de los ministros Bullrich y Cavallo, la situación de la empresa. Mientras tanto, comienza a advertirse cierta preocupación en otras empresas de capital español que temen verse contaminadas por algún sentimiento adverso al gobierno de su país por la peripecia de la compañía aérea.
Toda efemérides conlleva la manipulación política o ideológica de un hecho del pasado. En eso consiste su función. Sin embargo, habrá que remontarse mucho para encontrar otra Semana de Mayo en la que esa condición se cumpla de manera tan fuerte como la de estos días. Patricia Bullrich viajará a Madrid para discutir la situación de Aerolíneas Argentinas, mientras su colega Domingo Cavallo negocia que le compren el nuevo bono que colocará en el mercado en canje por los de vencimiento más inmediato. Desde luego, también discutirá sobre la compañía aérea, intentando siempre que el tratamiento de un problema no contamine al otro.
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Pero no todos los viajeros serán tan diplomáticos como estos dos ministros. Ayer la Cámara de Diputados designó a un grupo de legisladores para viajar a España para discutir con el gobierno, en Madrid, la crisis por la que atraviesa Aerolíneas. El grupo estará integrado por Alicia Castro, Alejandro Nieva, Gustavo Gutiérrez, Teodoro Funes y Alberto Natale. Para todos, salvo para Gutiérrez, será una experiencia inédita: la posibilidad de globalizar su banca y discutir en otras sedes. El demócrata mendocino es en esto un pionero, ya que se viene «globalizando» con Elisa «Lilita» Carrió desde que inauguraron el «show de las cajas» con transferencias bancarias.
Los diputados se preparaban ayer para subir al avión, sin saber a ciencia cierta de qué empresa sería. Aerolíneas, seguramente no. Iberia, a pesar de que la eligieran Cavallo y Bullrich, les pareció inadecuada. Un izquierdista sugirió la brasileña Varig, sólo por irritar al ministro de Economía. Una vez en «la metrópoli» -así llamaban ayer a España-, visitarán a las autoridades del gobierno y también se entrevistarán con colegas del parlamento en Madrid.
Serenata
La diputada Castro, abanderada de la causa de Aerolíneas como titular de los aeronavegantes, hará «su» semana de mayo antes de partir. Ella y sus seguidores tienen pensado cantar alguna serenata no del todo cordial frente a la Embajada de España a primera hora de la tarde. Después, se dirigirán al Cabildo. Allí, como si se tratara de una representación escolar, habrá mazamorreras, reparto de escarapelas y aglomeración de paraguas como exige la iconografía patria, caiga o no llovizna. Grandes cartelones le dirán a Fernando de la Rúa, al premier español José María Aznar y hasta al propio rey Juan Carlos I que «el pueblo quiere saber de qué se trata». Para que la representación resulte completa, se elegirá la figura de don Manuel Alabart, el discreto embajador español a quien querrán hacer pasar como el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros (o, peor, el marqués de Sobremonte, que huyó con la plata).
La agitación de Castro puede resultar exagerada, sin duda, pero golpea, aunque sea parcialmente, en una preocupación real de las empresas españolas radicadas en el país. Las más importantes mantuvieron línea abierta con sus casas matrices durante los últimos quince días: los directivos comenzaron a temer un efecto de imagen sobre sus compañías por algún sentimiento antiespañol que pueda agitarse en la opinión pública.
Esta preocupación se volvió activa en las últimas horas, en alguna medida estimulada por el gobierno, que comunicó a varios ejecutivos la conveniencia de que sensibilizaran al gobierno español respecto de la crisis de aerolíneas. Las gestiones se hicieron y se notará esto el lunes: en la Casa Rosada suponen que los ministros volverán con la novedad de que, por lo menos, la crisis de la empresa aérea se postergará en busca de una solución. Los funcionarios creen que ese plazo debería servir para articular tres factores determinantes en la crisis: por un lado, la resistencia de la SEPI que administra la empresa a seguir recurriendo al tesoro español para enjugar el déficit; por otro, la resistencia sindical a ajustar los costos laborales de una empresa que no podrá seguir funcionando con 5.000 empleados; finalmente, la cautela de las demás empresas de capital español respecto de costos que serían finalmente demasiado altos en relación con el problema de que se trata.
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