Ayer, desde el INDEC se informó que casi la mitad de los trabajadores está en negro. Es decir que no aportan a la jubilación ni al sistema de salud. Es un dato difícil de digerir por el gobierno, que mes tras mes se desvive por mostrar cómo crece el empleo. Pero por más que el ministro Carlos Tomada se dedique a negarlo, se trata de puestos de trabajo de segunda clase, ajenos a toda legislación. Pero este récord de empleo en negro no debería ser sorpresa. Las sucesivas medidas de la gestión de Duhalde que luego continuó y profundizó Kirchner no hicieron más que desincentivar la contratación de trabajadores. Lo más preocupante es que, con el récord de trabajo en negro, la reacción oficial fue únicamente la de lanzar una campaña de inspecciones a empresas.
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