Prepagas advierten: "Ley es estatización encubierta"
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Cabe apuntar además que la ley -de ser aprobada- faculta al Estado a fijar no sólo los montos que pueden cobrar las empresas sino también cuánto pagarlesa los profesionales que emplea. «Las primeras que van a desaparecer son las mejores: si el gobierno puede decirnos cuánto cobrar, no habrá diferencias por calidad de servicio, por lo que la gente -obviamente- se afiliará a las que brinden el mejor», se preocupa el empresario.
La norma también obliga a las empresas a mantener el servicio con una mora de 90 días, lo que implica que -en caso de querer hacerlo- un cliente podría asociarse a una empresa el 1 de enero, pagar la primera mensualidad, no pagar más pero mantener las prestaciones hasta abril; el 1 de abril, « borrarse» de la primera empresa y afiliarse a una segunda, en la que repetiría el mecanismo. Así, pagando cuatro cuotas por año en otras tantas empresas tendría un año de medicina privada, sin que la ley prevea sanciones o restricciones a estos comportamientos.
«Si hay que aceptar a todo el mundo, pues bien: que se lo acepte pero con las enfermedades previas a cargo del nuevo socio; lo atenderíamos a precios preferenciales pero no es justo para quien viene pagando su cuota desde hace años que un recién llegado usufructúe el sistema que él no ayudó a crear ni mantener», se queja el empresario. «Definitivamente hay que limitar además el tema de las reafiliaciones posmora, y ver qué se hace con los altos costos que representan las nuevas patologías que deberemos atender (bulimia, anorexia, obesidad incluyendo la operación «cinturón gástrico»); de otro modo, no podremos seguir funcionando.»
Otro tema que les quita el sueño a los empresarios es «la abultada reserva técnica que nos obligan a constituir: si se hubiera aplicado esa misma reserva en 2001, el sector no contaría hoy con la infraestructura asistencia que desarrolló reinvirtiendo utilidades en edificios y aparatos de última generación. Ya habríamos quebrado casi todos», dijo la fuente.
Desde ya, esta posible desaparición de las empresas de medicina privada es una verdadera pesadilla para sus cuatro millones de afiliados, pero también lo será para los sectores más desposeídos de la sociedad: si al colapsado, subinvertido y casi abandonado sistema de hospitales públicos se le suman estos cuatro millones de nuevos pacientes, la pesadilla será de todos los argentinos. Salvo, claro, para una ínfima minoría que podrá seguir atendiéndose en consultorios privados y operándose en el exterior...




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