4 de octubre 2005 - 00:00

Presidente y ministro enfrentados por bonistas

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
Nadie pretendía en la Casa Rosada que Roberto Lavagna hiciera algún aporte a la campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner y al resto del gobierno. Pero nadie esperaba, tampoco, que por iniciativa del ministro se instalara un tema negativo para la orientación oficial, como el propósito del gobierno de abrir una negociación con los bonistas que quedaron fuera del canje de deuda, es decir, los llamados «holdouts». Hubo maldiciones sobre esta operación durante el almuerzo del alto mando oficial, que se sirvió en Olivos el sábado pasado. El problema pasó a formar parte del debate parlamentario, de manera inesperada.

La posibilidad de habilitar tratativas que se habían prohibido para siempre bajo pena de excomunión política se puso por primera vez de manifiesto en Washington, durante la última reunión del Fondo Monetario Internacional. En esa oportunidad, el ministro de Economía de Chile, Nicolás Eyzaguirre, en su declaración como representante de los países del Cono Sur (la Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay), expresó lo siguiente: «El gobierno argentino aspira a obtener apoyo financiero del Fondo para su programa económico y a formular una estrategia para atender los casos de los que no aceptaron la oferta dentro del contexto de un programa del Fondo» (el texto en inglés, tal como figura en la página Web del Fondo, es el siguiente: «The Argentina government aspires to attain Fund financial support por its economic program and expects to formulate a forward-looking strategy to adress the issue of the hold-outs within the context of a Fund program»).

Como es obvio, toda la declaración de Eyzaguirre sobre la Argentina, que incluye elogios muy enfáticos al canje de deuda y a la performance fiscal y monetaria de la política económica, fue acordada con Lavagna, ya que el ministro chileno ofició sólo como representante de ese lote de gobiernos.

La declaración originó una nueva tensión en el seno del gabinete entre Néstor Kirchner y su ministro, ya que en plena campaña electoral desde Economía se arriaba una bandera muy apreciada por el marketing oficial: la de una negociación inflexible con los acreedores, que concluyó con el cierre de la oferta de canje de deuda, a fines de febrero pasado. Precisamente por estar en curso la campaña electoral, Lavagna no fue desautorizado en público por el Presidente. Pero, en cambio, se vio obligado a borrar las huellas de lo que había prometido en Washington, es decir, del proyecto de un acuerdo con el Fondo que incluyera un programa para los bonistas que no ingresaron en aquella operación de canje de bonos.

• Maniobra retórica

La primera maniobra del ministro fue retórica. En una conferencia de prensa dijo que por «hold-outs» debía entenderse a los países con los que la Argentina tiene una deuda bilateral que se negociará ahora ante el club de París. Es el caso de España, por ejemplo. Como es obvio, se trata casi de una broma verbal de Lavagna.

El paso siguiente del ministro-ilusionista para evitar el reto público de Kirchner fue descubierto por el diputado Mario Cafiero. Consistió en modificar el texto del proyecto de ley del Presupuesto nacional enviado al Congreso. La primera versión que ingresó en Diputados y se mantuvo en la página Web del Ministerio de Economía hasta el 26 de setiembre, autorizaba al Poder Ejecutivo, en el artículo 43, a negociar los bonos que quedaron fuera del canje de la deuda pública, levantando el cerrojo establecido por la Ley 26.017, que prohibía, precisamente, abrir esa transacción.

Ese artículo 43 fue modificado al regresar Lavagna de Washington. En la segunda versión remitida al Congreso y expuesta en la Web a partir del 26 de setiembre, sólo se autorizaba a negociar la deuda indicada en el «inciso b)» del artículo 40 del mismo proyecto. Esto es, la deuda que no era elegible en el proceso de canje que se cerró en febrero pasado (ésta incluye, por ejemplo, a los países que ahora Lavagna quiere designar como «hold-outs»).

Por lo que se ve, Lavagna modificó el diccionario y también los textos remitidos a Diputados y expuestos en la Web de su cartera. Pero no consiguió borrar todas las pruebas. Hoy un grupo de diputados encabezado por Cafiero intentará demostrar, apelando a los indicios electrónicos que sobrevivieron a las manipulaciones del ministro, que el documento enviado originalmente fue elaborado por el autor «mspada». En cambio, el que fue publicado a partir del 26, y que reduce el universo de deuda que se negociará «en el contexto de un programa del Fondo», fue confeccionado por el autor «evagon».

• Interpelación

Cafiero y un grupo de diputados de izquierda pedirán hoy la interpelación de Lavagna por esta cuestión. No debe sorprenderle al ministro. No sólo porque ese diputado viene hostigándolo desde que comenzó la discusión de la deuda pública. También porque el apellido Cafiero lo persigue desde mucho antes. Más precisamente desde que el propio Lavagna abandonó el cafierismo, en los '80, para sumarse al gobierno de Raúl Alfonsín como secretario de Industria, en pleno ascenso de la renovación peronista. De cualquier modo, los que pretenden la interpelación apenas conseguirán que el secretario de Hacienda, Carlos Mosse, visite la Comisión de Presupuesto y Hacienda para ofrecer alguna aclaración.

Según muchos expertos, no hace falta ser un Sherlock Holmes de la informática para descubrir el problema en que se encuentra el ministro. Como Jorge Luis Borges, aunque con inferior calidad, Lavagna suele ofrecer varias versiones del mismo relato con variaciones mínimas. Su drama no estaría ligado a la genealogía de sus textos, sino a la arquitectura de sus finanzas. El acuerdo con el Fondo se vuelve cada vez más urgente para el plan elaborado por el ministro y por su secretario Guillermo Nielsen. Pero para llegar a ese entendimiento deberá cumplir con algunas condiciones que resultan intolerables para Kirchner. Sobre todo en plena campaña electoral.

Este malestar fue comentado largamente durante el almuerzo que se sirvió en Olivos el sábado pasado. Allí estuvieron los principales integrantes del esquema oficial de poder: Kirchner, su esposa Cristina, Alberto Fernández, Carlos Zannini, Julio De Vido, José Pampuro y Héctor Icazuriaga. Un elenco ideal para hablar de Lavagna y de las limitaciones que le reconoce la Casa Rosada. Alguna impericia para combatir la inflación y cierta pereza para reducir la marginalidad eran males ya detectados, a los que Kirchner pensaba someter a alguna terapia -no se sabe todavía cuál- después de las elecciones. La fisura en el modo de negociar la deuda era un mal desconocido, cuya evolución resulta inquietante una vez que salió a la luz en medio de la campaña.

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