10 de agosto 2020 - 00:00

Unipar: "Estamos alineados con los intereses de la Argentina"

Mauricio Russomanno suele repartir su tiempo entre San Pablo y Buenos Aires. Ahora, por la pandemia, maneja a la distancia la operación de la planta de Bahía Blanca, que no dejó de producir.

Apoyo. Mauricio Russomanno elogió el acuerdo con los acreedores.

Apoyo. Mauricio Russomanno elogió el acuerdo con los acreedores.

El grupo brasileño Unipar es uno de los líderes del sector petroquímico en América latina y está entre los principales jugadores del mercado de la Argentina desde que en 2016 compró la ex Solvay Indupa. Tiene dos plantas en Brasil y otra en Bahía Blanca donde produce soda cáustica, cloro y PVC. Su actividad, por ser proveedora de industrias como la farmacéutica y la alimenticia, fue considerada esencial y nunca suspendió su producción durante la pandemia.

“Nuestros intereses están muy alineados con los intereses de la Argentina. Vemos con muy buenos ojos el arreglo con los acreedores y todo lo que pueda hacer el país para desarrollar su mercado interno”, afirmó el CEO de Unipar, Mauricio Russomanno, en el siguiente diálogo con Ámbito.

Periodista: ¿Cómo se organizó el grupo para enfrentar la pandemia?

Mauricio Russomanno: La pandemia es un período de desafío que aún no ha terminado. Tanto para las empresas como para las personas. A principios de marzo monitoreamos lo que pasaba en Asia y Europa, y nos dimos cuenta de que el virus llegaría de cualquier forma a Sudamérica. Por eso, montamos comité de crisis, cuando todavía no había casos en la Argentina ni en Brasil. Armé cuatro grupos de trabajo sobre áreas definidas: la operación, los colaboradores, los clientes y proveedores, y las finanzas, en este último aspecto buscamos garantizar la liquidez de la compañía. También dimos mayor impulso a nuestras tareas habituales de responsabilidad social, con apoyo a las comunidades donde estamos insertos. Teníamos como máximo un mes de tiempo para armar todo esto. Pusimos protocolos muy estrictos, todo el equipo administrativo pasó a home office en apenas dos semanas, aplicamos distanciamiento, control de temperatura, conversamos con proveedores para coordinar las acciones, establecimos encuentros de comunicación semanal por videoconferencia con todos los equipos. Y también gestionamos préstamos de bancos para inyectar liquidez a la compañía para un año. Todo lo hicimos antes de las restricciones que pusieron los gobiernos.

P: ¿Cuál fue el impacto sobre la producción del grupo?

M.R.: La producción general se afectó. Pero hubo algunas particularidades. Por caso, en Bahía Blanca se produce soda cáustica que se vende como insumo para la industria de alimentos, papel, biocombustibles. Y también producimos cloro, que se transforma en PVC, que es un producto que básicamente se destina en su totalidad a construcción civil. Por impacto de la pandemia, la producción de PVC fue muy afectada por la parálisis de la construcción, sobre todo entre abril y mayo, algo que no sucedió solamente en la Argentina y Brasil, sino en todo el mundo. En cambio, como la gente se quedó recluida en sus casas, tenía que comer, entre otras cosas, eso hizo que toda la demanda de soda cáustica de la industria de alimentos se mantuviera sin cambios. Además, en Bahía Blanca queda un poquito de cloro que usamos para producir lavandinas, que sirve para piletas y para higiene en general, y eso tuvo un aumento de consumo.

P.: ¿Cómo organizaron sus plantas? ¿Vieron limitada su capacidad productiva?

M.R.: Por supuesto nos afectó, pero logramos producir lo que el mercado demandó durante ese período más crítico. Internamente nos arreglamos para funcionar, compensamos con los turnos, distribuyendo la gente. Fue un trabajo muy bien hecho por parte del equipo de operaciones. Nada afectó la producción. Entregamos sin problemas todo lo que el mercado demandó.

P.: ¿Están viendo una recuperación de demanda a medida que las restricciones se flexibilizan?

M.R.: Los mercados están reaccionando de acuerdo con las acciones que disponen los gobiernos y la legislación vigente. Nosotros nos ajustamos estrictamente a todo eso.

P.: ¿Qué impacto cree que tendrá en la economía el arreglo que logró la Argentina con sus acreedores?

M.R.: Todo lo que Argentina pueda hacer para desarrollar su mercado interno y arreglar todas las situaciones externas lo vemos con muy buenos ojos y apoyamos mucho. Nuestros intereses como empresa están muy alineados con los intereses del país. El 95 por ciento de la materia prima que consumimos en la planta de Bahía Blanca es de origen argentino. Y la mitad de lo que producimos, lo exportamos. Esto demuestra que somos una empresa muy alineada con los intereses del país, porque hacemos desarrollar la economía local y traemos dólares para el país.

P.: ¿Tuvieron que hacer ajustes de personal?

M.R.: Durante toda la pandemia no hemos despedido a nadie, independientemente de la legislación que prohíbe despidos. Desde el principio de la pandemia uno de los temas que lleve a la junta directiva fue la propuesta de no despedir. No hubo despidos acá ni en Brasil. En la Argentina empleamos a 500 personas entre Bahía Blanca y Buenos Aires.

P.: ¿Qué temas incluiría en la agenda productiva ?

M.R.: Mirando a la Argentina de una manera global, nos gustaría que se arreglaran todos los temas, deuda, económicos, etc, para que el país vuelva a crecer porque estamos insertos en el mercado argentino y participamos del día a día. Como grupo brasileño que invirtió en la Argentina estamos acostumbrados a los mercados sudamericanos por ser una empresa regional, y tenemos un compromiso de largo plazo en los lugares que entramos.

P.: ¿Cómo están los costos de producción (laborales, impositivos) en la Argentina con relación a Brasil?

M.R.: En todos los países existen diferencias importantes en los costos. Brasil tampoco es un país barato para la gestión laboral. Hubo una reforma laboral hace casi dos años que ayudó un poco a mejorar los contratos y relaciones entre empleados y empresas, porque desburocratizó y facilitó los trámites. Pero en ninguno de los dos países esas relaciones son sencillas, por la legislación y la burocracia. La diferencia importante está en comparación con los Estados Unidos, sobre todo en los costos de los insumos. Nosotros competimos principalmente con los americanos y los asiáticos. Y, por ejemplo, en Brasil el precio del gas es cuatro veces más caro que en Estados Unidos. En la Argentina es dos veces y media más caro que en Estados Unidos. En costo de electricidad, Brasil es tres veces más caro que Estados Unidos y la Argentina es casi cuatro veces más caro.

P.: ¿Qué otros costos influyen?

M.R.: Los costos de logística y transporte son muy altos en la Argentina y Brasil. Para empresas que están en el norte de la Argentina a veces es más barato importar un producto antes que comprarnos a nosotros, que estamos en el mismo país. Por ejemplo, para trasladar productos desde Bahía Blanca hasta San Lorenzo (Santa Fe). Y esto vale también para Brasil. Llevar un producto de San Pablo a Bahía, en el norte, es carísimo. Los países de América del Sur tenemos estos problemas de competitividad y esto genera un problema para las empresas locales. Y se benefician muchas veces las empresas internacionales que ingresan con sus productos a nuestros mercados.

P.: ¿Cómo cree que se puede arreglar eso?

M.R.: En esto necesitamos algo como una agenda Mercosur o regional para mejorar costos de insumos, de energía, de infraestructura, laborales, para poder continuar creciendo, produciendo y generando empleos. Y así podremos enfrentar la competencia de Estados Unidos y Asia en otros mercados mundiales como Europa, Asia y África. Si eso pasa, se generarán más empleos, más recaudación de impuestos y más ingreso de divisas, todo lo que nuestros países quieren y necesitan.

Dejá tu comentario

Te puede interesar