Durante los primeros meses del año la inflación mantuvo la inercia con la que cerró 2020: fue del 4% en enero y un 3,6% en febrero. Para marzo, las estimaciones privadas la ubican en torno del 3,7%. De todas formas, a partir de abril, la suba de precios al consumidor comenzaría a desacelerarse. Esa es la proyección realizada por la consultora Ecolatina, desde donde se remarcó que el alza del índice no perforará el 2%.
Proyectan que la inflación comenzará a ceder a partir de abril
La consultora estima, de todas formas, que el Indice de Precios al Consumidor no perforará el 2%. También advierte por presiones post-elecciones.
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En su informe semanal, desde la firma señalaron que el primer trimestre cerraría con una inflación cercana al 12%. “Con estos números, la inflación mensual debería promediar 1,7% entre abril y diciembre para cumplir la meta oficial del 29%. Considerando la complejidad del proceso desinflacionario, este objetivo está virtualmente descartado”, se indicó desde Ecolatina, y de todas formas remarcaron que “la suba de precios podría empezar a ceder desde abril, aunque no perforará el 2% mensual en todo este año”.
“Por otro lado, vale destacar que la baja no será sostenible: luego de las elecciones, es probable que tanto las tarifas de servicios públicos como el tipo de cambio oficial aceleren su marcha, desandando el camino ‘ganado’ en los meses anteriores (abril-octubre). De esta forma, la suba de precios acumularía cerca de 40% en 2021, marcando una suba respecto del año pasado y dejando atrasos pendientes para 2022”, sostuvo la consultora.
Motivos
La inflación tuvo tres grandes motores en los últimos años, según enumeró la consultora: el tipo de cambio, las tarifas de servicios públicos y los salarios. En ese sentido, para este año, “el tipo de cambio dejaría de moverse en línea con la inflación pasada, buscando preservar la competitividad-precio, para ubicarse por debajo de ésta, priorizando relajar las tensiones sobre la inflación”. “Más allá de cómo sigan las restricciones cambiarias, es probable que las presiones por el lado cambiario se relajen en el corto plazo. De esta manera, la desaceleración inflacionaria comenzaría en abril. Para determinar su magnitud, será clave conocer qué pasará con las tarifas residenciales de servicios públicos: éstas llevan más de un año y medio congeladas -el gasto en subsidios como porcentaje del PBI casi se duplicó en 2020 y sigue en aumento- y deberían actualizarse en las próximas semanas; sin embargo, todavía no está claro cuánto ni cuándo. En este sentido, proyectamos que el driver tarifario se recalentaría en las próximas semanas, pero que su impacto sería limitado y puntual: habría un solo ajuste antes de las elecciones”, agregó el análisis.
“Por último, aparece el factor salarial. Entre 2018 y 2020, el poder adquisitivo de los trabajadores formales se redujo un 20%, de modo que es imperioso recuperarlo este año, al menos una parte. Sin embargo, la destrucción de 200.000 puestos de trabajo formales durante 2020 (y de más de 400.000 desde que empezó la crisis a mediados de 2018), no permitiría que las recomposiciones del poder adquisitivo fueran muy significativas. Por lo tanto, si bien habrá presiones inflacionarias por el lado salarial, las mismas no alcanzarían a impedir la baja de la inflación”, subrayó Ecolatina.
Advertencias
De todas formas, existen riesgos latentes que pueden impedir que esas proyecciones se materialicen. “Por ejemplo, apuntar a una apreciación cambiaria mayor a la sostenible o extender indefinidamente el congelamiento tarifario residencial podrían volverse en contra. Un dólar oficial demasiado quieto alimentaría la brecha y las intervenciones del Banco Central con Reservas en el mercado paralelo, complicando el acceso al mercado oficial de cambios de muchos importadores. En un sentido similar, un aumento del gasto en subsidios que profundice el rojo fiscal y obligue a financiarlo con emisión tendría efectos parecidos. Por lo tanto, será clave no forzar en exceso al proceso desinflacionario: caso contrario, sus efectos podrían ser opuestos a los perseguidos”, se analizó en el trabajo de Ecolatina.



