Que sí, que sí, que sí... que no. Nuevamente se quedó con las ganas el Merval de poder pasar por la barrera de los 600 puntos. Y es más anhelado, porque ése era un terreno reconocido a mediados de enero y nunca más transitado. Todo lo que sucedió desde allí fue un dar vueltas merodeando o más lejos o -como ahora- más cerca, pero con una evidente resistencia del indicador a aceptar ser vulnerado. En verdad, tiene mucho más de fetiche que de práctico el hecho de perforar una centena, y el encanto de los números redondos posee esa «magia» (a veces necesaria, en actividades basadas en las emociones y el ánimo) que es la nota de color para matizar una zona gris...
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El Bovespa anda con las mascaritas, el Dow intenta dar algunas libras a ruedas que se desinflan, en Buenos Aires es una mezcla entre «mascaradas» -tipo Catamarca-que hacen un todo el año es carnaval, y el pozo de incertidumbres que genera y que recibe del exterior. Ayer, las puntas se juntaron mucho más; entre el mínimo del día -con 593- y el máximo de 596, hay una diferencia desechable. Por allá merodeó el mercado, para terminar con 0,44% que podía haber recibido cualquiera de los signos. Cayó de «cara», se pudo sumar algo, mientras el factor de alimentos, el volumen negociado, hacía otro arrugue y más evidente. Crecieron los CEDEAR, a los $ 24 millones, dejaron sólo $ 16 millones para las acciones. Día tranquilo y donde nadie... apretó el pomo.
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