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14 de septiembre 2006 - 00:00

¿Qué hacer ante esta volatilidad?

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¿Cómo estarán los preciosdel petróleo y de los principales metales industriales dentro de un año? Instintivamente casi todos contestarían «más altos», porque todos sabemos lo que está pasando en el mundo: las compañías petroleras, así como las mineras, están en sus límites máximos de producción y ésta está descendiendo en muchos yacimientos. Las reservas son bajas. Geopolíticamente, el mundo raramente ha sido más inestable, al punto de que ya no es rara la afirmación de que, de hecho, hemos entrado a la tercera guerra mundial. Es curioso cómo los mayores productores de materias primas son al mismo tiempo los países más inestables. Esto probablemente es debido al hecho de que los países desarrollados explotaron primero las reservas naturales más cercanas a ellos y fueron luego a desarrollar minas y pozos en el resto del mundo.

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Del lado del consumidor, los EE.UU. también están siendo sustituidos de a poco por un número creciente de países emergentes con un apetito infinito de materias primas, necesarias para darles los impulsos necesarios a sus economías y evitar graves problemas políticos y sociales.

La segunda pregunta es en qué invertir los ahorros. Si todo lo de arriba es cierto, la única respuesta sensata es materias primas y todo lo que está relacionado con ellas: petróleo, compañías petroleras y de servicio petrolero, mineras y materias primas en general u oro, que tradicionalmente ha acompañado al precio del petróleo.

Los mensajes que recibimos este año bursátil han sido confusos y contradictorios. Tras un primer trimestre de euforia absoluta, una ola de pánico hizo precipitar los mercados, preocupados por las altas tasas de interés (durante los cuatro años en que subían regularmente, éste no parecía ser un problema), para luego volver a una fase medio positiva y -ahora-otro pánico por un probable enfriamiento de la economía norteamericana que llevaría a una disminución de la demanda de materias primas.

  • Perspectiva

  • El martes 12, la IEA ( Agencia Internacional de la Energía) anunció que esperaba un menor consumo de petróleo de 100.000 barriles diarios; la noticia hizo corregir el precio del barril en 2 dólares. La cifra, puesta en relación con los 80 millones de barriles que el mundo quema a diario, es insignificante y se me hace que el mercado se olvida de un asunto muy importante: el problema hoy es la producción y no el consumo, que por fuerza de inercia permanecerá alto y crecerá mas, empujado por los más de 50 millones de personas (la mayor parte asiáticas) que anualmente pasan a ser parte del mundo de los consumidores.

    ¿Tendría que vender? Warren Buffet, el inversor más famoso del mundo, nos da la respuesta más adecuada: «Cuando compro no compro para vender, sino para invertir». Esto implica esfuerzos mucho mayores por el inversor en el momento de la inversión, tomando decisiones bien razonadas, profundas y con una óptica de largo plazo, dejando luego que los mercados hagan lo que no pueden dejar de hacer, o sea, fluctuar.

    El problema radica a nivel de neuronas y de nervios, acostumbrados como somos al «aquí y ahora». Si después de revisar el portafolio no se encuentran razones objetivas (repito: objetivas, lo que excluye sentimientos como el miedo) para vender, la respuesta correcta es mantener, a pesar de la volatilidad y a costa tal vez de alguna noche sin dormir.

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