28 de noviembre 2001 - 00:00

Qué se puede hacer con préstamos garantizados

¿Conviene o no el canje de bonos a los particulares? Más allá de lo que hagan los grandes tenedores de títulos de deuda de cara al canje: ¿se debe aceptar la quita en los intereses que propone Cavallo para tener un nuevo título a más largo plazo? Estos interrogantes se reiteran una y otra vez en la plaza financiera, ya que ni el propio gobierno intentó seducir a ahorristas para que acepten el canje.

Cientos de miles de argentinos son tenedores de títulos públicos, muchos de los cuales son jubilados que recibieron BOCON en parte de pago y que ahora no saben qué camino adoptar.
El cuadro de situación es el siguiente:

• Liquidez:
se ofrece canjear bonos que cotizan en el mercado, por préstamos instrumentados similares a pagarés que no tendrán cotización. En la plaza financiera se asegura que habrá operadores que armarán fideicomisos para facilitar la entrada y salida a estos préstamos. También se habla de que será posible transferirlos a través de un acta ante escribano público. De todos modos, está claro que inicialmente estos préstamos tendrán menos liquidez que los bonos actuales.

• Rentabilidad:
cada bono podrá canjearse por un préstamo otorgado al gobierno por el equivalente a 70% de la tasa de interés que pagan los títulos actuales. Si los bonos son a tasa fija, su tenedor recibirá un pagaré cuyo interés nunca podrá exceder 7% anual. Si los bonos son a tasa variable, el pagaré se entregará a 70% del interés del bono actual o a la tasa LIBO más 3 puntos porcentuales; de ambos el menor. Por ejemplo, los tenedores de BONTE 2005 tienen un título que les paga 12,125% anual. Si van al canje, no recibirán 70% de esa tasa, porque sería de 8,4875% anual. En lugar de eso, les entregarán un pagaré a 7%.

• Plazo:
los pagarés que se ofrecen en canje vencerán 3 años después del vencimiento previsto en el bono que tienen en la actualidad. Sólo se mantendrán los plazos de vencimiento de capital para aquellos bonos con vencimiento posterior al 31 de diciembre de 2010. Además no cobrarán los intereses desde el 6 de noviembre hasta el 31 de marzo: por esos intereses (a la nueva tasa), se entregarán más pagarés que vencerán junto con el capital. Y otro factor en contra adicional es que el capital no se cobrará antes de diciembre de 2004 (desde marzo de 2002 hasta diciembre de 2004 el Estado pagará sólo intereses).

• Garantías:
el Estado nacional garantiza el pago de los bonos actuales. Los títulos de los préstamos serán garantizados con la recaudación impositiva. Esto, que parece ser un juego de palabras, es lo que desvela a los inversores. Los bancos y las empresas locales en general estarían adhiriendo a esta operatoria tentados por una importante zanahoria: los nuevos préstamos podrán contabilizarse al valor nominal ajustado, y no al valor de adquisición. Por ejemplo: si una entidad compró un bono a 60% de su valor, ahora podrá presentarlo en su balance a 100%. Eso significa que tendrá un importante aumento contable de su capital y sobre esa ganancia no tendrá que pagar el Impuesto a las Ganancias.

Pero, aunque los particulares no necesiten de efecto contable para lucir con mayor robustez, hay quienes estiman que igualmente puede convenirles ir al canje. La razón es eminentemente especulativa, y se debe a las numerosas versiones que circulan.

• Solución pendiente

En síntesis, este canje podría resolver el problema del Estado sobre títulos que suman entre 35.000 y 40.000 millones de dólares, frente a 66.000 millones elegibles. Quedaría por resolverse, entonces, el problema sobre el resto de los papeles de la deuda. Hay que recordar que al 31 de octubre en total, todos los títulos sumaban unos 100.000 millones.

Se habla de que el canje internacional se ofrecería con una quita de 30%, no sólo sobre los intereses, sino también sobre el capital, tal como hicieron otros países que entraron en default como Ecuador o Rusia. También se especula que en el futuro el gobierno sólo pagará los títulos canjeados, dejando el resto de los bonos en la fila, detrás de las otras necesidades del Estado.

Lo que queda claro, para el inversor minorista es un menú con tres ingredientes. El primero: si se es pesimista y se estima que todo se agravará, directamente hay que vender los títulos. Si se cree que todo va a marchar razonablemente, entonces debe aceptarse el canje. Por último, si se cree que después del canje las cuentas públicas comenzarán a cerrar, entonces no hay que canjear y sí mantener los bonos.

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