21 de enero 2005 - 00:00

Recaudación de impuestos, o civilización y barbarie

Alberto Abad, el titular de la AFIP, justificó muy bien, casi filosóficamente, el papel del recaudador público, que a él le toca desempeñar. Dijo días atrás que «cuando pagamos impuestos estamos pagando civilización». Es verdad lo de Abad aunque tal vez demasiado optimista respecto de cómo se gasta lo que se recauda. Qué duda cabe: si con el dinero de los contribuyentes se construyen escuelas públicas, se extiende la alimentación de los niños de hogares necesitados, si se mejora el servicio de Justicia y se brinda más seguridad en las calles, si se divulgan programas de contenido cultural por la TV del Estado y se ofrecen prestaciones de calidad en los hospitales, los impuestos son, como dice Abad, civilizadores.

• Pesimismo

Pero la frase de Abad cayó en un contexto político que obliga a ser más pesimista. Basta advertir la dimensión económica, fiscal, que alimenta la lucha política entre Felipe Solá y la Legislatura duhaldista en la provincia de Buenos Aires. En el Presupuesto que vetó Solá se contemplaba, por ejemplo, 65% de aumento en los fondos del presidente de la Cámara de Diputados para asignar subsidios de manera directa (el gobernador presume que en su contra). También se creaba una comisión bicameral (siempre que aparecen bicamerales hay que sospechar, aunque no se sepa bien por qué) para adjudicar obras públicas, una propensión viciosa del duhaldismo que llevó a varios empresarios a los tribunales (Vittorio Gualtieri fue uno de ellos) y al Banco Provincia al borde de la quiebra. Entre el Ejecutivo y el Legislativo se disputó quién tendría el control de la lapicera en la designación de 14.000 nuevos empleados. Los legisladores aumentaron los gastos en viáticos en 27% y abultaban la partida de publicidad en 27%.

Un repaso por estos números, que fueron publicados en la prensa durante el fin de semana y en Ambito Financiero el lunes, obliga a reconsiderar el proverbio de Abad y obliga a algunos interrogantes. ¿Qué legitimidad avala a un recaudador cuando hay semejantes desviaciones en lo que colecta? ¿Con qué autoridad moral y con qué convicción un funcionario como el bonaerense Santiago Montoya puede impedir la salida de gente del país, intervenir cajas de seguridad, violentar el secreto bancario si el resultado final de sus medidas draconianas es el malgasto? Según cual sea el sistema político en el que inscriba, pagar los impuestos es pagar civilización. En algunas subculturas, como la que se expresa en la Legislatura bonaerense, es pagar barbarie.

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