Está confirmado que Néstor y Cristina Kirchner -se lo menciona a él por su incidencia en todos los movimientos económicos del país- aceleran una interrumpida negociación con el Club de París. Desde hace una semana, ese tema ya fue iniciado, aunque el sector de Economía -por donde debiera pasar este capítulo- podría actuar como complemento de la cabeza financiera del arreglo: Martín Redrado, titular del Banco Central, hoy en los Estados Unidos.
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La instrucción para revertir el pésimo trato con los organismos internacionales había comenzado con la Administración de Cristina, inclusive -por trascendidos- se comentó que el ex ministro Martín Lousteau había logrado un respaldo del Tesoro de los Estados Unidos para destrabar las complicaciones con el Club de París (como se sabe, ese país debería conceder una venia o certificado de salud para que el organismo europeo reanudara vínculos financieros con la Argentina).
Ese movimiento de Lousteau se truncó, parecía imponerse el criterio de «vivir con lo nuestro» (o con lo de Venezuela), pero la última colocación de bonos a Hugo Chávez a tasas más que especulativas, las necesidades de financiamiento para el año próximo y, sobre todo, la falta de interés para prestarle a la Argentina (pensar que sólo hay controvertida financiaciónpara el tren bala) quizás convencieron al matrimonio de no demorar más un arreglo con ese organismo internacional. Los mercados ya ofrecieron infinidad de muestras de una peligrosa pendiente para la Argentina.
Casi no hay información sobre esta negociación en ciernes, pero se advierte una razonable actitud en busca de una vuelta al financiamiento internacional, más barato que otras colaboraciones regionales (aunque, por ahora, el Club de París sólo habilitaría autopréstamos a empresas europeas). Una señal que no cuesta mucho (los montos a pagar al Club no son relevantes) y que abre, también, expectativaspara el retorno del país como parte de una orquesta mundial. Algo tarde, tal vez -podrían decir como Eduardo Duhalde, luego, que «no sabíamos que el mundo estaba tan globalizado»-, pero necesario para una economía que revela señales críticas a pesar de los constantes mensajes optimistas del gobierno.
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