Ayer el gobierno no pagó el vencimiento de u$s 700 millones con el Banco Interamericano de Desarrollo y se entró en default con este organismo. Automáticamente, suspendieron el otorgamiento de créditos al país. Para que la Argentina no entre en cesación de pagos también con el Fondo Monetario, hoy debería haber un comunicado oficial en Washington que señale que se alcanzó el miniacuerdo. Caso contrario, el gobierno no usará las reservas para pagar. Es poco probable que surja ese comunicado. Ayer, Roberto Lavagna confesó que hay importantes diferencias en las metas monetarias que se querían fijar con la misión del Fondo (hoy abandona el país tras 8 días de gestiones). Tampoco es habitual que la cúpula del Fondo haga "anticipos" de acuerdos con los países. En la misma situación, obviamente, se encuentra un vencimiento por casi u$s 1.000 millones con el Banco Mundial, organismo con el cual ya se estaba en default desde noviembre. Hasta anoche, hubo contactos con técnicos del FMI y hasta con funcionarios de los países del Grupo de los Siete, intentando destrabar las negociaciones y lograr esa "prueba de amor" de Anne Krueger, número dos del organismo, que anticipe la aprobación formal del entendimiento en la reunión de directorio del jueves 23 próximo. Concretamente, lo que solicita el staff del FMI para cerrar este simple miniacuerdo por tan sólo ocho meses es frenar la emisión de dinero y evitar una inflación mayor a 35% previsto. No cedió terreno Lavagna y, tontamente, el pícaro ministro de Economía lleva al país rumbo a un default generalizado. Dejaría así al próximo gobierno con una pesada carga por las duras sanciones que los organismos aplican a los países en default. Deberá, quien gane las elecciones, ponerse al día con todos los vencimientos atrasados y hacer las reformas que este gobierno viene postergando para poder volver a estar bajo el paraguas del Fondo.
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Un comunicado emitido ayer desde Washington por el BID confirmó que el gobierno decidió no cancelar la deuda de u$s 700 millones que vencía. La excusa esgrimida fueron «problemas técnicos». Pero en la conversación telefónica que Lavagna mantuvo con el titular del organismo, Enrique Iglesias, insistió en que la estrategia es renegociar todos los vencimientos con los organismos una vez que se alcance el acuerdo con el FMI. Esos fueron también los dichos del viceministro Oscar Tangelson en Washington, en las reuniones que mantuvo con integrantes del BID.
Se espera en Economía que hoy la cúpula del FMI, encabezada por la número dos del organismo, Anne Krueger, se dedique a revisar en detalle la carta de intención acordada entre el staff del organismo y el equipo económico.
En caso de que no se produzca algún tipo de señal por parte del FMI entre hoy y mañana, Lavagna finalmente no pagará. Claro que se trata de una decisión de alto costo, ya que significaría un quiebre casi definitivo en las negociaciones con el organismo. La reunión de directorio del FMI en la que se definiría la suerte del acuerdo será el próximo 23 de enero. Aunque existe una clara vocación política ahora para aprobar un miniacuerdo de corto alcance (hasta fin de agosto), existe un importante número de discrepancias que ponen en peligro esta definición.
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