5 de agosto 2008 - 00:00

Se empañó despliegue de Lula por aparición de Hugo Chávez

• Nunca Brasil destacó una visita de Estado -ministros y empresarios- semejante. Fue, sin dudas, un hecho histórico por la calidad de la tournée, aunque no se firmó ningún convenio ni documento. Obvio. Fue un respaldo al prematuro desgaste de Cristina con promesas de créditos, asistencia y actuación de los dos países frente al mundo. El mundo feliz. Si reapareció hasta Néstor Kirchner, replicando al «señor Thatcher», mudo.

• Más encuentros y almuerzo casi majestuoso de los dos jefes de Estado. Casi la misma presentación luminaria del nacimiento del Mercosur, pasada obra diplomática de ambas naciones. Sin embargo, antes de concluir la visita -y contra la voluntad brasileña, se dice-, aterrizó Hugo Chávez. Para opacar a Lula, claro, y de paso, introducirse en la política interna de la Argentina: compartió estrado con la pareja local en un acto de la provincia de Buenos Aires con la agradecida cooperativa de las Madres con Venezuela.

• Hoy siguen los gestos del venezolano: viaja con Cristina a Bolivia para lograr superiores entregas de gas por parte de Evo Morales. Será Chávez factótum de ese convenio y, seguramente, realizará un aporte para el desarrollo vecinal. Se acostumbró a este constante ejercicio de generosidad latinoamericana, siempre de su bolsillo, tanto que ayer aseguró: «Seguiré con la compra de bonos argentinos». A pesar de que esa práctica inversora, a su país, ya le costó 100 millones de dólares de pérdida (si se toma el precio inicial con el actual). Pero él no se preocupa -y no por los negociados que al respecto le atribuyen los opositores en su tierra-; en todo caso, se ha impuesto como fecha el vencimiento de esos títulos, un 2015 en el que todavía se imagina en el poder. Por si no alcanzara (recordar que volvió al país el mismo día que su colaborador Antonini Wilson llegó hace un año al Aeroparque con una valija con 800 mil dólares cuyo destino casi nadie discute en política), para beneplácito de los Kirchner, se declaró peronista. Merced, confesó, por un libro (¿uno solo?) que le regaló un militar argentino ya retirado. No dio el nombre, pero todos saben que el obsequio provino de un ahora advenedizo kirchnerista llamado Aldo Rico, otro luchador por los derechos humanos.

Néstor y Cristina Kirchner.
Néstor y Cristina Kirchner.
Duró una hora y media la cumbre entre Cristina de Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez en el Salón Ocre del Palacio San Martín y sólo hubo un anuncio concreto: el próximo 6 de setiembre volverán a verse los tres en Pernambuco, Brasil. Fuera de esto, la reunión sirvió para que el venezolano despliegue todo su color bolivariano, ante la paciente mirada del brasileño y la sonrisa de la argentina.

Chávez llegó a las 16.20 a la Cancillería, e inmediatamente fue conducido hasta el salón donde esperaban Cristina, Lula y los cancilleres Jorge Taiana y Celso Amorim. No perdió el tiempo y desperdigó el rosario de temas que quería tocar en la reunión, y en las próximas cumbres.

Para comenzar, felicitó a Cristina de Kirchner por haber estatizado Aerolíneas Argentinas. Fue más allá, e incluso recomendó profundizar este tipo de decisiones, tomando como ejemplo lo que está haciendo en Venezuela. Lanzó la idea de implementar una aerolínea regional, volvió con el proyecto del Gasoducto del Sur y presentó en sociedad otro nuevo emprendimiento: un tren Buenos Aires-Caracas.

«Felicito al gobierno argentino por la reestatización de Aerolíneas. Sólo el Estado la va a sacar adelante. Lo estoy haciendo con el Banco de Venezuela (propiedad del Banco Santander), la telefónica, el cemento y la siderurgia». Se cuidó en este punto de no mencionar que este último proyecto había afectado a Sidor, propiedad de Techint.

Precisamente, su titular, Paolo Rocca, estuvo a punto de cruzarse con Chávez cuando aguardaba la llegada de su automóvil.

«Podemos avanzar en el proyecto de una aerolínea regional. Unas Aerolíneas del Sur, con Aerolíneas Argentinas, Coviasa (Venezuela) y la empresa que designe Lula», disparó, repitiendo un proyecto que tiene como ideóloga a la embajadora argentina en Caracas, Alicia Castro, antes titular del gremio de azafatas.

Chávez pasó luego a una vieja idea, que parecía haber quedadoen el recuerdo. «Es el momento de retomar el tema del Gasoducto del Sur, que una Caracas con Buenos Aires», lanzó el mandatario que alguna vez, a comienzos de 2005, pareció convencer a Néstor Kirchner y a Lula da Silva sobre la oportunidad de invertir unos u$s 23.000 millones en la megaobra que partiría del Orinoco, pasaría por el Amazonas y el triángulo San Pablo-Rio de Janeiro-Santos, para terminar en el norte del Gran Buenos Aires. El presidente brasileño sufre cada vez que Chávez vuelve sobre el tema. Pero encontró la fórmula para congelar la idea: que la financiación parta del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dos de los enemigos elegidos por el venezolano.

Ayer en Buenos Aires, Chávez dijo que el Gasoducto del Sur «fue abandonado un tiempo, pero es momento de retomarlo». Y recordó que Venezuela «tiene las reservas de gas más grandes del continente».

  • Ferrocarril

    Más tarde, Chávez lanzó su tercer proyecto: un ferrocarril que debería unir América del Sur (Caracas-Buenos Aires), aparentemente por dos ramales: uno por el Atlántico y otro por el Pacífico. Serían los propios gobiernos de los países interesados los que financiarían la obra.

    Algo intuía Lula sobre el contenido de la reunión de ayer, ya que hizo lo imposible por no estar presente utilizando toda la diplomacia disponible. Al enterarse de que el venezolano vendría a Buenos Aires a sumarse al viaje del brasileño, Lula les anunció a los organizadores locales que en lugar de a las 20 horas, volvería hacia Brasilia a las 17, sabiendo que el bolivariano llegaba a las 19 de ayer.

    Después, al conocer que Chávez había adelantado su aterrizaje para las 16, Lula anunció que dejaba Buenos Aires a las 14, porque necesitaba preparase para su vuelo a China (viajará para la apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín) y quería pasar más tiempo con su esposa accidentada. No pudo evitarlo. Cristina de Kirchner insistió, y el brasileño debió permanecer después del almuerzo de ayer en el Palacio San Martín escuchando al venezolano y sus megaproyectos bolivarianos continentales.
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