Tremendo inicio contractivo, en lo que hace a negocios con títulos accionarios, recreó una de las figuras más indeseadas: la de tratar que un mercado navegue en su desarrollo, pero encontrando un lecho seco. Como la Bolsa, un sistema próximo a la utópica competencia perfecta, todavía no pudo inventar un sistema « anfibio» y precisa de caudal para deslizarse: lo que sucedió respondió a la estricta lógica. Esto es, ver pasar las horas en un desarrollo de lo más monótono y culminar la fecha con un Merval casi en el punto de partida. Y no por haber realizado algún recorrido y después retornado, sino porque -prácticamenteno se pudo mover de sus bases.
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Desde el cierre del viernes, con 1.592 puntos, se empantanó en su peor momento en los 1.586 de mínima. Para alcanzar lo más entonado en los 1.598 puntos. El cierre, en 1.594; y esto dejó una diferencia desechable: apenas 0,15% de mejoría.
La cifra alcanzada por acciones solamente representó 6% de las sumas globales del día. Esto da idea de la contracción sufrida, que se tradujo en un cúmulo de órdenes que no pasó de los $ 36 millones de efectivo. Un descenso sumamente pronunciado, sobre las ya reducidas cifras del viernes pasado. Grupo Galicia y Petrobrás obraron en desmejora leve, de 0,5%, con Acíndar positiva en 0,7%.
Todo pareció resultar un simulacro de mercado bursátil, donde las especies se movían al compás de brisas esporádicas. Con ello, nadie puede saber qué hay debajo de superficie.
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