La semana terminó como podía prenunciarse, dejando un margen negativo que no es fácil de asumir, en tiempos de violentas reacciones y que lograban conjurar las zonas bajistas. Esta vez, acaso cuando iría a intentarse sobre el mismo filo del mes, confluyeron factores externos y la debilidad de los mercados mundiales acicateó la propia inestabilidad local de las postrimerías de enero. La semana concluyó con merma de casi 2%, aunque el mes se quedó a salvo por lo hecho antes y con 6,5% de renta en acciones. Igualmente muy sabroso, a la vista de la falta de alternativas de colocación de dinero con atractivos.
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El viernes se operó otro rebaje, pero fue neutralizado, como para hacer coincidir el cierre del día con un saldo de cuasi neutralidad en el índice Merval, baja de 0,33%. El volumen transado no tuvo altibajos serios, con casi $ 62 millones netos para las acciones, fue seis veces más robusto que lo logrado en certificados. Y si bien no fue capaz de limpiar la plaza de oferta, posiblemente más volumen también hubiera llamado a más vendedor, dado que la atmósfera de la semana -para mercados de riesgo- estuvo cargada de electricidad estática, como para poner los pelos de punta a los corredores bursátiles del mundo. La novedad de una luz verde para «embargos» contra el país, desnaturalizada por el gobierno, no debería ser tan desestimable para el mercado por lo que ello trasunta. Febrero arranca con esa nueva carga a evaluar, dentro de una tendencia que se convirtió en muy volátil y con apariciones profundas de la oferta. Se precisará de buen cuerpo para mantener el rumbo. Incertidumbre.
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