Con las experiencias del lunes y martes a cuestas, cuando la mayor parte de la jornada bursátil pasó con los tres principales indicadores bursátiles "haciendo la plancha", no sorprende demasiado que ayer viéramos cómo, luego del derrumbe que llevó a las acciones a orillar los mínimos treinta minutos antes del mediodía, pudiera esgrimirse otra vez la idea -de ahí al cierre- que "no pasaba nada".
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La resistencia que en la rueda anterior había mostrado el mercado tras la mala nueva que significaba ver a Google ganando menos de lo esperado (por primera vez en su historia) se desvaneció en la nada ante el anuncio de que la productividad de los trabajadores norteamericanos se redujo considerablemente en el último trimestre, y, por lo tanto, el costo salarial se incrementó más allá de lo esperado (alimentando presiones inflacionarias). Esto asentó el escenario para un arranque bajista que se precipitó aún más luego de la campana de inicio, cuando -y a pesar del desplome de petróleo a u$s 64,68 por barril- comenzaron a circular fuertes rumores sobre un incremento en la "chance" de nuevos ataques terroristas en territorio norteamericano (atención que hace mucho que no se habla de estas cosas en el mercado). Si bien esto último fue negado desde el gobierno, es claro que o los inversores no lo creyeron, o el rumor poco y nada tuvo que ver con la baja (o trascartón surgió algún nuevo elemento). A partir de ahí, y sin muchas más noticias, se entró en una "plancha" que llevó al Dow a cerrar en 10.851,98 puntos, perdiendo 0,93%.
En parte por las buenas ganancias, la acumulación de liquidez (con el dólar en suba, el costo de oportunidad de otras inversiones es demasiado alto) y las bajas tasas (la Fed corre a la inflación desde atrás), los "defaults" de bonos corporativos son de los más bajos de la historia. Esto ha contribuido a "achatar" el diferencial entre las distintas categorías de riesgo, generando un efecto de derrame hacia bonos cada vez más riesgosos (como son los emergentes y chatarra). Este ciclo en algún momento habrá de revertirse y posiblemente de manera explosiva, como apuntan, la inversión en la curva temporal de tasas de interés y el oro, que ayer tocó u$s 578,4 la onza, máximo desde enero de 1981.
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