13 de diciembre 2000 - 00:00

Senadores peronistas amenazan a De la Rúa por promesa de vetos

Los senadores peronistas amenazaron ayer con quitarle colaboración a Fernando de la Rúa, en caso de que el Ejecutivo cumpla la pro-mesa de vetar los cambios que hizo la Cámara alta al Presupuesto 2001. «Si nos tiran al bombo los diferimientos impositivos, los combustibles, el gas y el Fondo del Tabaco, que se olviden de nosotros», bramó el sanjuanino José Luis Gioja.

La advertencia tuvo efecto instantáneo y se tradujo en la suspensión de la sesión prevista para la víspera y, en consecuencia, la postergación de 3 leyes clave a ojos de la Alianza: infraestructura, fondo vial y reforma política. En ausencia del presidente provisional, Mario Losada (UCR-Misiones), los justicialistas Gioja y Carlos de la Rosa (Mendoza) transmitieron su escasa predisposición a bajar al recinto al cacique radical Jorge Agúndez, en la cita de labor parlamentaria.

El jefe de la bancada opositora se puso al frente de una protesta generalizada anteanoche, durante la habitual reunión de bloque de los martes. Al mediodía, ya había intercambiado con sus compañeros quejas a granel contra el oficialismo, durante una comida en el restorán del Congreso.


«Nos pidieron que sacáramos de apuro el Presupuesto para conseguir el 'salvataje' y después lo frenaron en Diputados, donde tienen mayoría»
, pataleó el pampeano Carlos Verna, titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, mientras Eduardo Bauzá saboreaba sin apuro un plato de sopa y el formoseño Manuel Rodríguez recordaba, sin demasiada oportunidad, su teorema escatológico sobre dónde tendría que meterse el «blindaje» el gobierno.

En ese almuerzo, al que asistieron también
Beatriz Raijer (Córdoba), De la Rosa, Alberto Tell (Jujuy), Julio San Millán (Salta), Osvaldo Sala (Chubut) y Hugo Sager (Chaco), se decidió tomar la primera represalia. Gioja y compa-ñía acordaron que infraestructura y el fondo vial, que les había pedido celeridad De la Rúa en Olivos, los pospondrían hasta la próxima se-mana. Para levantarse el precio, prometieron cambios al plan de obras públicas, de manera tal que vuelva a la Cámara baja y quede demorada su aprobación definitiva.

En esa misma tenida gastronómica (en la cual reapareció el salteño
Emilio Cantarero), acordaron dejar la renovación de autoridades de bloque para enero, junto con el reparto de presidencias de comisión y el «ajusticiamiento» de Antonio Cafiero, a quien voltearán de la vicepresidencia del cuerpo. Será una venganza por la forma en que desparramó sospechas por las supuestas coimas.

Al atardecer, pusieron en el congelador el otro proyecto reclamado por el oficialismo, la reforma política que presentó
Federico Storani. Resultó definitorio que JorgeYoma no satisficiera los interrogantes que le plantearon los críticos de la iniciativa (por caso, el fueguino Gerardo Palacios) y que los diputados del PJ hubieran acompañado al radicalismo, ese mismo día, en la eliminación de $ 2 por voto que habían fijado los senadores en el Presupuesto. beli-ca

En medio de furiosos reproches a sus colegas de la otra ala parlamentaria -ya se sabe que las relaciones entre los seguidores de
Gioja y los de Humberto Roggero son bastante tirantes-, llegaron a la conclusión de: «Para qué mierda vamos a hacer la reforma política, si no hay guita para los partidos», según resumió Palacios, con furia.

El puntano Carlos Sergnese, siempre crítico de las decisiones del sanjuanino, se sumó al coro de reparos a la iniciativa. Aunque sus compañeros ironizaron sobre el verdadero motivo de las objeciones del hombre de confianza de Adolfo Rodríguez Saá. Muchos suponen que a Sergnese le molesta cualquier medida que salga del Ministerio de Interior, sencillamente, porque allí trabaja Walter Ceballos, adversario del gobernador en San Luis y secretario de Provincias.

De cualquier modo, los peronistas más proclives a ayudar a
De la Rúa, por caso Carlos Corach y Augusto Alasino, confían que el miércoles de la semana que viene votarán la reforma. Además, ponen en duda que, finalmente, Gioja y los demás cumplan la amenaza de retacearle quórum a las leyes que necesite el Ejecutivo, aún cuando salga el veto.

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