Shell sigue vendiendo estaciones de servicio
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Chacofi pagó entre u$s 8 y u$s 10 millones por la (ya cerrada) gasolinera de Libertador y Olazábal y hará oficinas. Antes, Shell ya había vendido la de Cerviño y Godoy Cruz en un monto similar.
De hecho, justo al lado hay otro edificio, construido por la firma Wasserman hace un lustro, totalmente ocupado. Además, la propia Chacofi está levantando un edificio para oficinas a pocas cuadras de allí, en Libertador y Juramento, en un terreno doble donde había una gomería y una fábrica de muebles.
La zona se ha convertido en una de las más pujantes en lo que hace a obras nuevas en la Capital: en diagonal a la estación de servicio ahora cerrada hay tres torres en construcción en forma simultánea (una del grupo Shargorodsky, otra de Churba) y además se puso en venta el cuarto de manzana que ocupaba el restorán Amarelo también para hacer un edificio de departamentos. En la misma vereda donde funcionaba la Shell, pero una cuadra más hacia General Paz, el grupo Grosso tiene casi toda la manzana; se dice que allí también irán oficinas.
Según fuentes cercanas a la operación, las obras en las ex estaciones de servicio no comenzarán antes de un año: dada las inevitables filtraciones de combustible que se producen a lo largo de las décadas en las que funcionaron como tales, hay que hacer siete cateos para comprobar si están contaminadas. Eso ya se hizo en Libertador, y dieron negativos. Sin embargo, luego de retirados los tanques habrá que repetirlos, trámite que insumirá al menos doce meses.
Para entonces, el metro cuadrado costará al menos u$s 3.000. La cuenta es sencilla: el terreno de Libertador admite levantar unos 10.000 metros, por lo que la incidencia del terreno ronda los u$s 1.000 el m²; con los costos de construcción actuales, más el margen (no inferior a 25%) que esperan obtener todos los inversores que participan de estos fideicomisos, el precio superará holgadamente ese valor al momento de salir a la venta. En tanto, siguen los rumores de que Esso, la otra gran petrolera extranjera que actúa en el país, sigue rechazando ofertas astronómicas por su estación de servicio «emblema», la ubicada en Libertador y Salguero. ¿Hasta dónde resistirá la firma estadounidense los embates de desarrolladores inmobiliarios dispuestos a pagar casi lo que sea?



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