Si el río suena, es mejor el silencio

Economía

La última sesión arrancó con el Dow perdiendo 2,9%, avanzando 3,36% a eso de las dos de la tarde y retrocediendo 1,41%, a 8.852,22 puntos, cuando se escuchaba el martillazo de cierre. En resumen y sin entrar en los pormenores, una típica rueda de los tiempos que corren. Luego de experimentar la mayor suba porcentual desde la Gran Depresión, seguida por la mayor baja desde el crac del 87, los treinta integrantes del índice más antiguo del mercado terminaron subiendo en promedio 4,8 por ciento, un valor no visto desde marzo de 2003 (y la primera suba desde el derrumbe de Lehman). Récords, récords y más récords, incluyendo, como se podía esperar, la mayor volatilidad de la historia (al menos desde que se computa el VIX, que cerró en 70,33 puntos).

Una parábola zen afirma que no es posible ver el reflejo (de la realidad) en aguas turbulentas y muy pocas veces las aguas del mercado financiero han estado tan agitadas como ahora. Si la suba de las acciones sugiere el devenir de mejores tiempos, el 7,5% que se desplomó el precio del petróleo en estas cinco ruedas (cerró su tercera semana de baja en u$s 71,85 por barril) habla a los gritos de un panorama recesivo. Mientras las tasas parece que comienzan a reflejar la serie de planes de rescate instrumentados en casi todo el planeta (la Libor overnight bajó de 5,09% a 1,05%, pero a tres meses apenas si retrocedió a 4,41875%, y el diferencial con los treasuries -TED- sigue cercano a valores récord), hace tres semanas que no hay emisiones de deuda de alto rendimiento, hace nueve que no se realiza ningún nuevo lanzamiento de acciones (InBev tuvo que desistir/ demorar, un par de días atrás, de su adquisición de Anheuser-Busch) y lo más que se hace en el mercado de capitales son arbitrajes y algunas operaciones amistosas de fusión (éste es el camino escogido por GM y Chrysler). El dólar, mientras tanto, sigue ganando terreno y quedó el viernes en 101,65 yenes y u$s 1,3407 por euro. Podríamos buscar y hablar de miles de explicaciones, pero mientras las aguas no se calmen, lo más sabio es el silencio.

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