Dejando aislado a ese sugestivo cierre de mes, que sirvió para modificar de cuajo los índices de mayo, la plaza local retornó a su andar debilitado y arrancó en junio con una marcha que testeó niveles de mínima hasta un Merval de «429», para posteriormente ensayar un recorte que lo llevó a cierre de «435» y una pérdida en el día de 0,8 por ciento.
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Panorama que estaba caldeado en la plaza financiera, con aumentos en la tasas de interés, operativo de canje que se aguardaba no sin inquietud (por la señal que podría darse para costo del dinero más caro) y un atardecer de la rueda y la semana que se enmarcó en un total de negocios sumamente reducido y de sólo $ 12 millones.
Que el «repunte» del 31 de mayo correspondía a la facilidad que se poseía para retocar índices y mejorar carteras, jugando algunos pesos bien dirigidos, pareció ser corroborado con el andar del viernes.
Todo retornó a la fastidiosa realidad de una plaza anclada en órdenes y sin norte en su derrotero.
El transar por transar, al margen de proyecciones, disparó un mercado a los saltos y con un bajón que pudo ser reflotado de sus mínimos, aunque sin sembrar entusiasmos: tal como sucedía entre la dicotomía de un ministro aparentemente contento, con un riesgo-país que se iba de largo nuevamente. Y no cede.
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