El zigzagueo, presuntamente acordado entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano, de habilitar el endurecimiento de los gremios en las negociaciones para, luego, volver a la base original de 15% promedio de suba, atraviesa un nuevo estadio: la profusión del recurso de la conciliación obligatoria.
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De hecho, están vigentes seis disposiciones de ese tipo para impedir que los desencuentros en las paritarias deriven en paros en distintos sectores: desde algunos sensibles, como trenes o panaderías, hasta otros menos perceptibles como Curtidores.
Hay, además, conciliación en la UOM, que este mediodía se reúne para resolver sus nuevos pasos, los petroleros y los telefónicos. Si no existiesen antecedentes de que todo puede ser un simulacro, podría pensarse que el pacto Moyano-Kirchner sobre salarios tambalea.
Hay, sin embargo, un libreto que circula en el ambiente gremial y refiere a que «este es el momento» para obtener beneficios importantes. La interpretación se basa en el concepto de que en octubre hay elecciones y luego de una eventual reelección o la potencial asunción de Cristina, el poder de fuego de los sindicatos sería menor. En ese esquema, los caciques gremiales -incluso o, sobre todo, los principales socios de Moyano- empujan reclamos de aumentos y desafían con eso el mandato, por ahora subliminal del camionero, para que los incrementos salariales operen en la línea de los 15 puntos.
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