7 de mayo 2008 - 00:00

Socios de oro para Argentina: Laos, Angola y Zimbabwe acompañan al país contra el FMI

El Fondo Monetario está inmerso en un proceso de fuertes reformas. Hace una semana, se modificó la participación o cuota de cada país dentro del organismo. Ayer se le permitió ampliar el menú de inversiones con los fondos que tiene disponibles y sin destinar a préstamos. Algo lógico dado que estaba limitado a bonos soberanos. En todos los casos, la Argentina votó en contra.Ayer lo hizo de la mano de Laos, Angola y Zimbabwe. Fue contra el resto del mundo: hubo 176 países que votaron a favor. Paradójicamente, el gobierno intenta avanzar en las negociacionescon el Club de París por la deuda aún en default. Necesita una suerte de visto bueno previo del FMI para ello. Todo al revés. Ni siquiera hay cierta lógica en el rechazo a las modificaciones del FMI, históricas por cierto desde su lanzamiento en Bretton Woods en 1944. Queda demostrado que siempre se puede estar un paso más aislado del mundo, casi no hay límite, con este tipo de decisiones.

Dominique Strauss-Kahn
Dominique Strauss-Kahn
La Argentina va camino a conformar una nueva liga de países: la integran aquellos que se oponen a cualquier iniciativa del FMI, sin importar demasiado el asunto. Anteayer dio un nuevo paso en esa dirección, al votar en contra de un nuevo esquema que puso en marcha el organismo para administrar sus inversiones. A favor se manifestaron 176 países. En contra, ( expresado en el «no voto») lo hizo sólo un selecto grupo: Zimbabwe (acosado por la hiperinflación y acusaciones de todo tipo que pesan sobre su decrépito dictador, Robert Mugabe), Laos, Turkmenistan, Angola y la Argentina.

A esta altura ya puede considerarse una línea de conducta: exactamente una semana antes el gobierno argentino también se había opuesto al cambio en la composición de los votos de cada país dentro del organismo.

Aquellos cambios beneficiarán a una serie de naciones emergentes, entre ellos Brasil, México, China, y casi todo el sudeste asiático. En aquella oportunidad, la Argentina votó en contra junto a Angola y las diminutas Islas Palau, del Pacífico.

  • Ofuscación

  • La postura argentina generó gran ofuscación dentro del FMI, en particular en su titular, Dominique Strauss-Kahn, quien en un gesto inusual había asistido a la asunción de Cristina de Kirchner el 10 de diciembre. Pero es improbable que dentro del organismo se queden de brazos cruzados: por lo pronto, ya dejaron trascender que no harán el más mínimo esfuerzo por ayudar a la Argentina a negociar con el Club de París, tal como en su momento había comprometido el propio Strauss-Kahn.

    Lo que más sorprendió en Washington fueron los insólitos cambios de postura adoptados por la Argentina en cuestión de días y, en algunos casos, de horas. A saber:   

  • Cuando se discutió hace pocas semanas dentro del FMI la venta de 403 toneladas de oro en el lapso de tres años con el objetivo de reinvertir los fondos y utilizar los intereses para mantener el organismo, la Argentina había votado a favor. El país encabeza una de las 24 sillas de ese directorio, donde participa buena parte de los países sudamericanos (con la excepción de Brasil). El directorio de manera unánime, por lo tanto, le dio el visto bueno al organismo para que avanzara con dicha operación. Sin explicación mediante, el gobierno decidió darse vuelta sobre la marcha y el lunes optó por no apoyar tal iniciativa.

  • Una situación similar se produjo con los cambios en el poder de voto de cada país dentro del organismo. El ex ministro de Economía Martín Lousteau había comprometido en la reunión de Primavera del FMI a mediados de abril su visto bueno a la modificación de los votos de cada país. Pero, Lousteau se fue un jueves a última hora y la votación se efectuó el lunes siguiente. La primera resolución de Carlos Fernández como flamante gobernador del FMI (éste es el rol de todos los ministros de Economía) fue votarle en contra a este rebalanceo. «Por supuesto que esto se decidió mucho más arriba, pero el cambio fue toda una sorpresa», reconocen técnicos del Palacio de Hacienda. La alusión no recae sobre la presidente, Cristina de Kirchner, sino sobre Néstor Kirchner.

    Es cierto que la Argentina quedó perjudicada en el último reparto de poder que se hizo dentro del FMI. Su participación dentro del organismo, que superaba el nivel de 1,20 por ciento en los 90 ya había caído hasta 0,98 por ciento. Y con la nueva fórmula pasará a apenas 0,86 por ciento. Pero otros países que también salieron perjudicados prefirieron abstenerse en vez de votar en contra, incluyendo a Venezuela (que en su momento amenazó con abandonar la institución) y Rusia.

    Esta disminución se explica por parámetros objetivos, relacionados con el tamaño de cada economía. El propio gobierno argentino, primero a través de Miguel Peirano y luego con Lousteau, había propuesto que los pesos relativos de cada nación fueran modificados de manera periódica. El organismo aceptó dicho pedido y se dispuso una revisión cada cinco años: la próxima se producirá en 2013. Un ex funcionario, que en su momento negoció con el ala técnica del organismo explicó que «si estamos confiados en sostener en los próximos años altos niveles de crecimiento, tranquilamente podemos aspirar a recuperar el terreno perdido dentro del Fondo. Por eso, es un bochorno haber votado en contra, cuando fuimos nosotros los que propusimos estas modificaciones».
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