De un lado están los que ven en la inversión de la curva de tasas de interés, uno de los predictores más potentes al momento de hablar de recesiones. Además de la lógica, las seis últimas recesiones estuvieron precedidas de fenómenos de este tipo por lo que se entiende su malestar. Del otro lado tenemos a los que no ven nada malo en la economía y confinan en que la Fed sabrá actuar de manera adecuada para prevenir cualquier inconveniente. A su favor tienen que en dos oportunidades, la última en el '98, la inversión de la curva no fue seguida de recesiones y que en este momento la tasa de corto es la más baja de cualquier otro proceso "de inversión" que se recuerde. Si bien las "cartas bravas" en este juego son el mercado inmobiliario y la inversión extranjera, lo que importa es cuánto durará y cuán profundo será el actual proceso. Aunque lo más correcto sería definir a la de ayer como una rueda "chata" (tan sólo 1.100 millones de papeles negociados en el NYSE -1.200 en el NASDAQ-, y un Dow que apenas ganó 0,17% -0,09% el NASDAQ-), los más enfervorizados apuntaron a que no sólo se hizo caso omiso al tema "tasa" sino que tampoco pareció importar demasiado la suba del petróleo a u$s 59,55, la del oro a u$s 517,8 la onza, o la debilidad del dólar (quedó en 117,25 yenes y u$s 1,1925 por euro). Más allá de las diluciones, lo concreto es que ésta podía haberse supuesto una semana "brillante", y cuando ha mostrado tener hasta ahora tanta luz como una velita de cumpleaños.
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