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Los consumidores encontrarán que comprar en cuotas será más caro que antes. Tendrá más atractivo ahorrar en reales y tornará más prudente a los que quieran consumir. También puede ser un freno para la suba del dólar. Si se logra ese objetivo, el beneficio vendrá por menores costos y por una baja de otra parte de la deuda interna del Estado que está indexada por el precio del dólar.
Otra medida restrictiva de la actividad económica, porque retirará dinero del mercado, fue el aumento de los encajes bancarios que se dispuso ayer. Ahora las entidades deben inmovilizar en el Banco Central 60% de los depósitos que capten, en lugar de 45%.
Pero todo vale para contener la inflación, el mal que torna vulnerable a la economía de Brasil. El año pasado, la suba de precios fue de 12,5%, superior en 7 puntos a la meta acordada con el FMI. Para este año, la meta es de 8,5%, por lo que la tasa de interés de 26,5% es altamente positiva. Pocos creen que la meta inflacionaria se cumplirá. La mayoría apuesta a una inflación de 12%. Sólo en enero, los precios subieron 2,25%. Lo preocupante es que Brasil tiene un desempleo cercano a 12%, que puede agravarse con estas medidas.
Desde que asumió Lula, la tasa subió dos veces. En enero, la Selic fue aumentada en medio punto a 25,5% anual.
Otro tema que vuelve vulnerable a Brasil es la suba de los precios internacionales del petróleo, ya que es altamente dependiente de la importación de crudo. Diariamente, Brasil compra al exterior 300 mil barriles.
Ayer el ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, advirtió que la guerra en el Golfo Pérsico puede gatillar el petróleo a 50 dólares por barril.
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