30 de agosto 2001 - 00:00

También Marx bajó las expectativas

Daniel Marx se reunió ayer a almorzar con un grupo de diputados peronistas para analizar la marcha del presupuesto nacional para 2002 e informarlos de las posibilidades reales de un avance en la reestructuración de la deuda argentina.

El justificativo del encuentro fue claro: el viceministro quiso tantear cómo estaban los ánimos dentro de la oposición frente a posibles medidas que Economía podría pedirle al Congreso.

En la intimidad del restorán Mediterráneo del Hotel Intercontinental, Marx -viejo conocido de los presentes por su participación en el gabinete de Cavallo cuando éste fue ministro de Carlos Menem-empezó relatando a Jorge Remes Lenicov, Oscar Lamberto y Miguel Angel Toma el estado de redacción del acuerdo con el FMI: «Lo que viene en la letra chica es todo lo que está en los diarios, no hay sorpresas, no hay nada nuevo», les dijo. Los diputados le habían preguntado por las exigencias que el Fondo había incluido en el acuerdo que permitirá el desembolso de $ 8.000 millones.

Mientras devoraban una entrada de foie gras y magret de pato, Remes Lenicov fue al punto que más interesaba al PJ: «¿Hubo algún avance concreto en la reestructuración?. ¿Mingo dijo algo desde Washington?».

• Dificultades confirmadas

«El proceso va a ser lento», les dijo Marx. «Para este año a lo sumo podemos remar para conseguir que se adelanten los $ 3 mil millones que están previstos para marzo», les dijo.

Tal como presentían los diputados, sobre todo Remes y Lamberto, que ya participaron en varias negociaciones con el FMI, Marx les confirmó de las dificultades en avanzar rápido con el nuevo canje de deuda: «No creo que vaya a ser para este año», les dijo.

Una vez hecho eso, y cuando sobre la mesa ya estaba una merluza negra grillada sobre un colchón de alcauciles, el viceministro de Economía explicó:
«La operación se va a hacer. Pero somos conscientes que para llevarla adelante, como están ahora las cosas, hasta se necesita modificar la carta orgánica de algunos organismos internacionales de crédito. De lo contrario no dan los límites», dijo.

Bien notificados de la situación, y habiendo pasado derecho al café, el debate presupuestario se tiró sobre la mesa: «Tenemos dificultades para armar el proyecto de Presupuesto», se confesó el funcionario, como si estuviera dando una noticia a los peronistas.

A partir de allí todos enumeraron los problemas del gobierno en el tema: para armar el cálculo presupuestario Economía debe poder calcular la pauta de crecimiento que prevé para 2002, lo que no es fácil. Ese punto resulta esencial para poder proyectar los ingresos disponibles en el mismo período.

Marx les reconoció que sería ideal para esto poder contar con un panorama más claro de cómo evolucionará la economía en el segundo semestre del año. Como todavía todo es incógnita en ese terreno, el gobierno tiene dificultades para fijar los parámetros presupuestarios.

La pregunta de los peronistas, entonces, sonó obvia: «¿Y cómo van a llegar a tiempo al 15 de setiembre?».

Marx para esto no tuvo respuestas. Sobre todo porque en el Congreso existe la idea de que la futura reestructuración voluntaria de deuda producirá una divisoria de aguas en el Presupuesto 2002. Este punto es más que lógico ya que no es lo mismo calcular el nivel total de gasto sin canje de deuda que con un nivel de vencimientos menos ajustado.

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