Un nuevo cimbronazo vivieron ayer los mercados brasileños tras intensificarse la salida de inversores extranjeros. Impactó en el mercado cambiario: el dólar trepó muy cerca de los 3 reales (el nivel más alto de los últimos nueve meses). Pero también se reflejó en el riesgo-país, que se elevó más de 4,2% y alcanzó casi los 700 puntos. El origen del temblor financiero puede buscarse en la decisión que tome la Reserva Federal sobre la tasa de interés en EE.UU. Los inversores ya anticiparon una suba y el consiguiente impacto negativo sobre el flujo de capitales hacia los mercados emergentes. El gobierno de Lula también se complica -en momentos en que hay una misión del FMI analizando los números fiscales- con reclamos de mejoras salariales y presión por aumentar el gasto. Pero a la vez necesita financiarse en el mercado internacional de capitales para cubrir los vencimientos de la deuda. Un traspié de Brasil favorecería la estrategia del gobierno argentino en la negociación de la deuda, pero puede herir seriamente las economías de Sudamérica.
Por su parte los C-Bonds, los bonos brasileños de referencia, perdieron otro 1,36% y cerraron a 90,50% de su valor nominal. Los operadores dijeron también que los inversores tienen los ojos puestos en la reunión del comité de mercado abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos, que hoy revisará las tasas de interés, así como los comentarios optimistas del secretario del Tesoro, John Snow, sobre la economía estadounidense.
«Los comentarios de Snow refuerzan que la Fed elevará las tasas pronto», dijo
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