Periodista: Después de mucho bregar, y contrariar infinidad de pronósticos, las tasas del Tesoro a 10 años están a tiro de cruzar el umbral del 2%. Con una inflación al consumidor que cerró 2021 en 7%, y que podría haber subido dos o tres décimas más en enero, no parece un hecho trascendental. Pero todo conato alcista, el último año, abortó mucho antes de llegar aquí. ¿Cuán importante será dar este pequeño paso para la tasa? ¿Será muy grande, y complicado de digerir para los mercados?
G.G.: ¿Nota algún contratiempo?
P.: Wall Street corrigió con el discurso más agresivo de la Fed, pero la sensación de zozobra duró poco y se disipó antes de que finalizara enero.
G.G.: Así es. Y conste que se trata de un cerrojo. Y ya no lo impulsa la Fed de Powell, obra una inercia que pone en valor algunas jugadas que podría realizar el banco central y que están lejos de encabezar su agenda.
G.G.: La idea de comenzar el raid de tasas con una suba de medio punto.
P.: No es imposible. Y los voceros del banco central no dijeron que no.
G.G.: Todas las opciones están abiertas. Pero unas son más probables que otras. Asignar 30% o 40% de chances a un salto inicial de medio punto fue, “minimizado” por Bostic (que parecía su propulsor), Harker, Daly y hasta James Bulllard, el más agresivo de todos los halcones.
P.: Trepan las tasas largas pero también, y mucho más, las cortas.
G.G.: Es un movimiento simultáneo que opera como un cerrojo. Escalan también las tasas de interés reales, que el año pasado eran el enigma por su parsimonia. La tasa real a 30 años ya dejó de ser negativa.
P.: Es todo el tablero de las tasas de interés el que se reacomoda. ¿Cómo interpretar ese desplazamiento generalizado hacia arriba?
G.G.: Las tasas de interés tienden a elevarse, a lo largo de toda la curva, a medida que madura el ciclo económico. Suelen hacerlo mucho antes, a decir verdad. Y su nivel actual sigue siendo muy bajo vis à vis los registros de inflación.
P.: La inflación no tuvo la gentileza de esperar a que las tasas de interés se pusieran de pie. ¿No es una razón suficiente para que ahora las tasas tengan que apurar una respuesta más contundente?
G.G.: ¿Qué tan recalcitrante es la inflación que hay que domar? No lo sabemos. Hasta 2020 el problema era la desinflación. Lo fue por más de una década. No era sencillo, diría que imposible con la excepción puntual del Banco de Inglaterra, fabricar una inflación a la altura de la meta oficial, 2%. El cambio se produjo el año pasado. ¿Habrá echado raíces profundas?
P.: No sabemos entonces qué tan prolongado será el recorrido que necesitarán las tasas para tener éxito. Ni el tiempo que les va a demandar.
G.G.: Los bonos son muy optimistas. Son los únicos que siguen sosteniendo que la inflación es un fenómeno transitorio. Si es así, el viaje podría no ser tan extenso como parece. La inflación podría bajar y acortar por su cuenta el itinerario.
P.: ¿Es posible? Blackrock, el principal manager de fondos, afirma que los mercados se cebaron con las subas de tasas que calculan para 2022.
G.G.: El motor principal de la inflación, la política fiscal, ya se apagó. Y su aporte es un lastre desde hace varios trimestres.
P.: Lo que no impidió que la inflación continuara in crescendo. ¿”Mérito” de la política monetaria que siguió inyectando liquidez?
G.G.: El estímulo se sigue derramando. Hay ahorros acumulados que se gastan, y que no impactaron en precios cuando el Tesoro los giró y sí lo hacen en la actualidad. No es fácil pilotear semejante expansión y frenarla al milímetro. Esa precisión de la sintonía fina no la dominamos.
P.: ¿Cree que romper la barrera del 2% será un mensaje potente? ¿Que frene a la inflación? ¿O que dañe a los mercados? Hace unos meses estaba en boga hablar de estanflación. ¿Podríamos terminar allí, en el peor de los mundos?
G.G.: La Fed está en offside. El mercado de bonos, también. La inflación les sacó varios cuerpos. O ella vuelve al redil porque se quedó sin combustible, y el retiro progresivo del estímulo colabora, pero en el margen. Y entonces el entorno de tasas que tenemos en mente alcanza, y no daña demasiado. O es un problema peor, y hay que encuadrar la inflación con medidas más duras. En cuyo caso 2% va a ser una anécdota y habrá que ir más allá. Si el “repricing” actual es insuficiente, en algún momento, como pasó tantas veces, los mercados van a morder el polvo. Y ayudar en las tareas de frenado.
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