21 de mayo 2001 - 00:00

Temen despidos en Aerolíneas como paso previo a la quiebra

Los representantes de la SEPI, la sociedad del gobierno español que es dueña de Aerolíneas Argentinas, viajaron este fin de semana a Madrid para definir el curso de acción a seguir en los próximos días, del que depende el futuro de la compañía local. La SEPI maneja dos opciones: repetir el escenario anterior al paro de fines de abril, generando nuevos despidos y provocando con esto una nueva huelga que podría derivar en el cierre de Aerolíneas.

O bien, por lo menos tomar los próximos dos días para pagar los sueldos de abril que todavía adeuda, y esperar la contestación del gremio de los técnicos aeronáuticos, que decidió someter a asamblea de sus afiliados, a realizarse mañana, la postura frente al arbitraje propuesto por el Ministerio de Trabajo.

Un dato poco alentador tiende a la segunda alternativa. Tras varias negociaciones, el gremio de los tripulantes de cabina, cuya titular es Alicia Castro, aceptó el viernes el arbitraje pero lo supeditó a la reincorporación de 58 despedidos y al pago de los sueldos de abril. El acta correspondiente fue suscrita por el gremio y por el secretario de Trabajo, Anselmo Riva, pero no por la empresa, que dijo que no aceptaba condicionamientos de ningún tipo.

De los siete gremios aeronáuticos, cinco firmaron un acta-acuerdo con la compañía para reducir salarios de 6% a 20% y modificar las condiciones laborales, a cambio de la estabilidad por dos años. A los otros dos gremios -el de técnicos y el de tripulantes de cabina- que no aceptaron esa actaacuerdo, la cartera laboral les ofreció un arbitraje, que implica que un árbitro -o como máximo tres-tome conocimiento de las posiciones de las partes y laude, siendo esta decisión irrevocable por las partes.

Estrategia

Los técnicos supeditaron la aceptación del arbitraje a la asamblea de mañana, lo que, además de ser un requisito estatutario, podría verse también como una estrategia para esperar a que la empresa pague los salarios que adeuda y si realmente tiene voluntad de seguir adelante con Aerolíneas, o, por el contrario, intenta usar el conflicto gremial para salir de la compañía argentina. En esta situación, la ministra Patricia Bullrich responsabilizó del fracaso de las negociaciones al titular del gremio de los técnicos, Ricardo Cirielli, en un discurso por cadena oficial, recurso hasta ahora inédito para referirse a un conflicto gremial. Esto también permite sospechar que el gobierno sabe que lo más probable es que los españoles provoquen un nuevo conflicto, enviando telegramas de despido, a lo mejor desde hoy mismo.

Pero frente a esta presunción, el gobierno de Fernando de la Rúa parece haber decidido una actitud de prescindencia, responsabilizando al gremio de los técnicos, pero sin aclarar que la SEPI impuso como condición que todos los gremios acepten modificar salarios y convenios laborales, y que pretende hacerlo sin condicionamientos.

Es decir, más que una revisión de común acuerdo entre las partes, la SEPI pretendería imponer los criterios fijados en el plan director a todos los gremios en un breve lapso que no iría más allá de fin de mes. Esto significa que aun cuando los técnicos y tripulantes de cabina aprueben el arbitraje, los demás gremios no obligados a aceptar laudo, podrían no llegar a un acuerdo con la empresa y se produzcan conflictos con otras entidades sindicales.

Desaliento

Dicho de otro modo, la actitud de intransigencia de la SEPI plantea una perspectiva desalentadora, porque siempre podría dispararse un nuevo paro y éste ser usado como excusa para cerrar Aerolíneas. O para obligar al gobierno argentino a sentarse a negociar el costo de mantenerla abierta.

En este sentido, se recuerda que aunque el ministro de Infraestructura,
Carlos Bastos, afirmó que no habrá un solo peso para Aerolíneas, los españoles le vienen reclamando que integre los fondos comprometidos por el ex ministro José Luis Machinea cuando se hizo la llamada capitalización de Aerolíneas.

La SEPI, además, anunció, que no pondrá más dinero en Aerolíneas, aunque luego indicó que se ocupará de
«buscar financiamiento», lo que no será fácil con las dificultades para el acceso al crédito de las empresas que operan en la Argentina, con el pasivo que arrastra Aerolíneas y la pérdida creciente de sus balances anuales.

Expectativa

Aun con todo esto, la ministra Bullrich, que recién mañana regresa a Buenos Aires luego de un congreso en Paraguay, cree que la empresa podría producir despidos para obligar al gremio de los técnicos a aceptar las condiciones impuestas por la compañía. Esto, a esta altura, parece una expectativa con poco asidero, mientras en el resto del gobierno predomina la creencia de que las cartas ya están echadas, y no hay todavía propuesta alternativa que permita mantener, no ya a Aerolíneas como línea de bandera (si la quiebra no lo permite) sino a otra empresa que maneje las mismas rutas y conserve los casi 7.000 puestos de trabajo.

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