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"Naturalmente, tendrá un impacto negativo sobre el consumo formal, como toda suba de impuestos", advirtió el director del Centro de Estudios Económicos de Orlando J. Ferreres.
Aunque, de todas formas, estimó que el perjuicio en el consumo no sería "demasiado grande" ya que las implicancias "estaban limitadas" debido al tope de $ 1.000 por compra estipulado desde su implementación.
Para Spotorno, "el sistema estaba distorsionando incentivos hacia las tarjetas débito respecto de otros medios de pagos. Pero, eso es por la falta de actualización".
La medida, que había entrado en vigencia en noviembre de 2001 y desde el 2008 hasta 2016 había sido anualmente prorrogada, venció el pasado 31 de diciembre.
Desde el punto de vista de la macroeconomía, Spotorno señaló que más allá del impacto que podrá tener en el consumo, la medida, a su vez, ayudará a "mejorar las cuentas fiscales".
"Si bien es una suba de impuestos, el Estado lo percibe como baja de gasto. Argentina tiene hoy tanto necesidad de bajar el déficit como de reducir la presión tributaria. Eso es lo que hace las cosas más difíciles", describió el economista.
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