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De todas maneras, mi intención de hablar con la comunidad productiva es porque quienes me conocen de hace muchos años y quiero decirles que veo caras conocidas de hace 25 ó 30 años- con quienes ya estuve hablando de estos temas que voy a hablar hoy aquí. Por supuesto, en esos momentos era Intendente de Lomas de Zamora, había allí industriales y comerciantes; lo mismo que decía en aquella época, lo que sostenía, lo que era mi convicción, vengo a repetírselos hoy aquí. Ustedes, es decir la comunidad productiva, es la que debe gobernar en el país.
Esto que puede parecer una exageración de mi parte, no lo es. Quiero desarrollar un poco cuál es la convicción, mi convicción, y por qué llegamos a lo que llegamos. Decía días pasados algo que ustedes saben: estamos quebrados, estamos fundidos y muchos de ustedes están quebrados, están fundidos, y los que no, en riesgo de estar quebrados y fundidos.
¿Qué nos ha pasado a los argentinos?, ¿Por qué llegamos a esto?, ¿Quién es culpable de tamaño desaguisado? ¿Alguna circunstancia natural, algún hecho natural?, ¿Un maleficio ha tenido la Argentina? No. Hemos sido los argentinos y los dirigentes argentinos, fundamentalmente los dirigentes políticos, los que hemos llevado a este país ante estas circunstancias que nos afligen, que nos angustian y que nos avergüenzan. Hemos sido nosotros.
¿Por qué tan grave es la situación? Quiero decirles lo que ha sido mi criterio de siempre, creo que hace décadas ya, quizás más de 40 años: que la dirigencia política estuvo absolutamente desvinculada de todo lo que tenga que ver con la producción. Creo que el último presidente fue el doctor Arturo Frondizi, que centró la situación de los países donde debía ser situada. No hay país en el mundo que no salga sin el esfuerzo, sin el trabajo de su gente. ¿Por qué rumbos económicos? Por los más variados.
Los países no han tenido un solo camino para progresar y desarrollarse. Los ejemplos ustedes los conocen igual que yo. No voy a darles mucha lata en ese sentido. Europa salió con economías mixtas, con fuerte preponderancia estatal en algunos casos, con la economía de mercado, el "milagro alemán" destrozado por la guerra, con la Escuela de Friburgo, de distintas formas, pero en todas ellas el elemento fundamental fue el trabajo.
Avanzamos rápidamente en este mundo nuevo, fascinante, donde se diseñan políticas globales. El mundo marcha inevitablemente a su integración. ¿En qué tiempo? No sabemos, porque los tiempos vienen tan acelerados que pensamos que lo que puede ocurrir en un año a veces ocurre en meses y lo que pensamos que puede ocurrir en una década, capaz que ocurre en 5 años. El mundo avanza inevitablemente hacia un proceso global.
Y durante años en la Argentina nos han hecho creer que dentro de este nuevo orden económico en el mundo hay un solo modelo posible. Una falacia absoluta. Hay una pluralidad de modelos que admite este nuevo orden económico mundial y que tiene que ver con el grado de desarrollo de los pueblos, con su historia, con la capacidad de sus dirigentes. Cuando digo de sus dirigentes, naturalmente no estoy solamente refiriéndome a los dirigentes políticos.
Yo que vengo defendiendo -los que me conocen lo saben- desde su inicio el modelo chileno, que fue abanderado de las reformas en América, digo que tiene muy poco que ver el modelo que hemos escogido los argentinos en relación a ese modelo. Y debo advertir también que en esa pluralidad de modelos distintos que hay en el mundo, los modelos exitosos tienen rasgos que les son comunes. Si hubiera algún especialista en este tema quizás podría estar hablando horas de los distintos rasgos que tienen los modelos económicos exitosos, pero yo quiero referirme sólo a dos, que en ningún caso dejan de ser rasgos de esos países que progresan. El primero de ellos es la defensa irrestricta de los intereses nacionales permanentes de esos países. Defensa irrestricta. Claro que dentro de las normas que el nuevo mundo nos exige. Todas las que conocemos y que yo no voy repetir ante ustedes.
Cuando se critica a otros países y dicen que nos están poniendo trabas arancelarias, paraarancelarias, fitosanitarias, digo que se están defendiendo de alguna manera, se están tratando de defender en la medida que pueden. Eso es un rasgo común de los exitosos. Y hay otro rasgo común, muy evidente, que es la absoluta mancomunión del sector público y del sector privado de la economía, ese otro rasgo que no falta en ningún país que progresa. Ningún país de los que se desarrollan está ajeno a esta idea de que hay que trabajar juntos.
Les decía hace instantes a legisladores con los que he estado hablando también de estos temas, que ustedes que han recorrido el mundo, como lo he recorrido yo, cuando han hablado con un legislador de los países que progresan, ¿alguno de ustedes no ha escuchado hablar a ellos de sus empresas, de los intereses económicos de su región, de su país, de sus municipios si son municipios? Es de lo que hablan; pero no los legisladores nacionales, los concejales todos. Es una maquinaria que trabaja junto con el sector de la producción en los países lo que permite que los países progresen.
Yo digo que a veces me avergüenzo. Cuando nos preguntan visitando algún país cuál fue la natividad empresaria del año pasado en el país, me da vergüenza decirles que no tenemos registros serios. Y si me preguntan por la mortalidad empresarial, tampoco puedo hablar de ella. Prueben preguntarle a cualquier intendente europeo o americano cuál es la natividad empresarial en su municipio, Estado o nación. No tienen que consultar con nadie, es la máxima preocupación que tienen.
Entonces vengo a decirles que debemos terminar décadas en la Argentina de una alianza que perjudicó al país, que es la alianza del poder político con el poder financiero y no con el productivo. El poder financiero, las finanzas, son imprescindibles para un país -imprescindibles- pero ubicadas en el lugar que corresponden. Por eso vengo a decirles que esa alianza es la que tenemos que terminar a partir de hoy en la Argentina; que quien va a gobernar dos años el país y que los que asuman nuevamente responsabilidades, sepan que Argentina decide construir una nueva alianza, que es la alianza que yo denomino, pero podemos denominarla de cualquier manera, la alianza de la comunidad productiva. No necesitamos siquiera ser muy originales en el tratamiento de estos temas, solamente saber ver lo que hacen los países que progresan.
Pero esto requiere un cambio cultural muy importante, que seamos voceros de un cambio cultural muy importante. Ustedes saben, los que son de mi provincia, que he sido predicador y ejecutor de estas ideas en un ámbito provincial donde estas cosas no pueden tener el éxito que tienen llevándolas desde la instancia máxima, de la escala máxima institucional que es el país todo.
Me pregunté: ¿Qué empresa?, ¿Cuáles empresas tenemos que empezar a proteger?. Les digo: primero, empecemos por el tallercito, por ese hombre que está esforzándose, que lo persigue el municipio, que en vez de ser gestor de lo que se va a iniciar le ponen trabas; el pequeño comerciante; el pyme de todo tipo; el productor; el mediano empresario argentino, el gran empresario argentino, que si tengo que llamar para hablar con ellos seguramente no necesito este salón, los puedo atender en el living de mi casa, porque ya no nos quedan. El proceso de desnacionalización argentina ha sido tremendo, tenemos que proteger lo que nos queda y de lo que nos queda empezar a cambiar el rumbo.
Quiero decirles que tengo una fe enorme en que podamos superar esta situación. Nadie de nosotros ignora cómo nos encontramos. No hemos sido inventores de la situación que estamos recibiendo y todos sabemos que el escalón hacia abajo es una especie..., un baño de sangre en la Argentina, lo sabemos todos. Vivimos circunstancias dramáticas hace 15 o 20 días, realmente teníamos un proceso anárquico, incontrolable, luchando la gente, cuidando la gente sus casas, sus empresas, otra gente desesperada para poder avanzar sobre lo que de ellas no era, desesperados por la situación.
Tengo una primera obligación que es garantizar la paz social en la Argentina. Los países, las sociedades mejor dicho, toleran las circunstancias más adversas, vaya si lo sabemos los argentinos, lo que no toleran es la anarquía. Tenemos que ordenar el país, tenemos que darle previsibilidad a lo que hacemos, y esto no se hace como algunos creen simplemente teniendo más gendarmes, más policías o poniendo el ejército. Hay que hacer un enorme esfuerzo de comprensión de todos los sectores, y yo estoy empeñado en esa tarea. Me van a ver desarrollar en estos tiempos primeros sólo dos temáticas centrales, las primeras de que me tengo que ocupar. Primero, garantizarles los derechos humanos básicos a los argentinos, los derechos humanos básicos. En un país que vivimos hablando de los derechos humanos tenemos que pensar en los derechos humanos también de los que hoy nos pueden garantizar lo mínimo indispensable, que es alimentar, cuidar a su hijo cuando está enfermo, poderle comprar un remedio. Eso es esencial poner en marcha, pero esto otro de lo que vengo a hablar con ustedes es lo que va a posibilitar que podamos en el tiempo mejorar los únicos índices realmente importantes, que son los índices de desarrollo humano.
El drama argentino -pocas referencias, ustedes saben lo tremendo que es-, el año pasado, en el 2000, 600 mil argentinos de clase media pasaron a revistar, por perder el trabajo, por distintas razones, en la categoría de pobres, un drama tremendo, pero el año pasado superamos ese triste registro, hemos liquidado la clase media argentina. Imaginen ustedes lo que pasa con los sectores más humildes de la sociedad que saben que el que trabajó se esforzó, estudió, trabajó y le está yendo como le va. Se pierde, naturalmente, ese querer prepararse porque le parece que es imposible el progreso.
Pero yo quería -soy un poquito hablador- simplemente reiterarles que quería tener esta primera reunión con ustedes, con la comunidad productiva, con la semilla de lo que debe ser la nueva alianza que construyamos en la República Argentina.
Otro tema que tenemos que tener muy en claro: nos han querido decir que no hay que proteger, las crisis significan desprotección, las crisis significan desprotección, nadie está pensando siquiera en el viejo proteccionismo pero sí en cuidar y en proteger lo nuestro, y decirles a nuestros compatriotas, decirles a los argentinos que cada uno de ellos puede ayudarnos en esta fenomenal tarea, extraordinaria tarea de recuperar el trabajo para los argentinos.
Muchos de los que aquí están me han acompañado hace muchos años hablando de estas cosas; recuerdo que en Rosario, hace un tiempo, hablando en un gran auditorio de la necesidad que teníamos todos los argentinos de saber que teníamos un puesto de lucha, cada uno decía "tenemos un puesto de lucha en esta tarea de reconquista del trabajo argentino". Terminada la charla, una anciana de más de 80 años, sentada en primera fila, cuando empezaron a hacer preguntas, me dijo: "¿y que puedo hacer yo, doctor?" Simplemente, señora, cuando usted va al almacén o al mercado, fíjese si lo que está comprando se fabricó en la República Argentina, entonces estará comprando un segundo, un minuto, de un empresario o de un trabajador argentino. Esto que digo ha sido cuestionado por algún sector, como siempre sucede, pero es tan elemental, es tan razonable, es tan razonable que tengamos que defender el trabajo argentino como lo defienden otros países, como lo defienden todos los países del mundo, y va a seguir siéndolo porque son mis convicciones y a mi edad ya no se cambian las convicciones. En los países hay que repartir la riqueza y el trabajo entre los nacionales, como se hace en todos los países, por más que digan otra cosa.
Yo quería tener esta posibilidad que, reitero, ya lo digo por tercera vez, de que mi primera reunión pública, con un numeroso público, lo sea con los que han sido siempre los que yo he creído que tienen que ayudarnos a levantar el país. Si en esta reunión hay hombres que tienen que ver con artículos de primera necesidad, tienen que saber que estamos en vísperas de decisiones que hoy yo no puedo, no debo anunciarles a ustedes por lo que antes he expresado, pero que en los primeros días tengamos mucho cuidado, defendamos entre todos; ya la devaluación está descontada que va a haber en el país, defendamos con mucho cuidado todo lo que sean artículos de primera necesidad. A mí me tocó estar en Brasil cuando se produjo la devaluación brasileña, el día anterior había estado con Cardoso y él me dijo que no. Me quedé en Brasil paseando y al otro día me encuentro que estalla la devaluación; a los brasileros parecía que no les interesaba, claro, ellos pensaban en el real, y siguen pensando en el real, y algunos dicen, "los brasileños son más patriotas que nosotros"; y si en la reunión hay muchos dicen: "si, pero los chilenos también son más patriotas que nosotros"; si la reunión es grande empiezan a hablar de los paraguayos, de otros países, y cuando nos queremos acordar nos damos cuenta que para nosotros mismos somos los menos nacionalistas. Queridos amigos, tenemos que despertar la conciencia Nacional, tenemos que despertar la conciencia Nacional.
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