15 de junio 2001 - 00:00

Tregua gremial: no habría problemas el fin de semana

El gobierno y los gremios aeronáuticos acordaron anoche un «impasse» hasta que finalicen las gestiones que se vienen llevando a cabo en España para dar una solución definitiva al conflicto de Aerolíneas Argentinas y su subsidiaria Austral.

La decisión de una «tregua» se conoció luego de que el gobierno garantizara que la compañía no iría a la quiebra y que habría una convocatoria de acreedores, tras una reunión que mantuvieron cinco de los siete gremios con el ministro de Interior, Ramón Mestre, y el de Defensa, Horacio Jaunarena.

El titular de la Asociación de Personal Aeronáutico (APA), Ariel Basteiro, dijo que van a mantener la medida de fuerza, «hasta tanto haya algo firmado», y que esperaran el regreso del ministro Infraestructura, Carlos Bastos, para saber el alcance de las negociaciones con la SEPI.

De esa manera, se espera que los trabajadores de la empresa hagan un alto en las protestas (campamentos) que desde hace días realizan en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza y en Aeroparque. Una señal de la flexibilización de la postura se vio anoche, cuando los trabajadores aeronaúticos dejaron embarcar a unos pocos pasajeros en el vuelo de Iberia con rumbo a Madrid.

El «compás de espera» llegó en un momento de alta tensión, luego de una jornada de protesta como la del miércoles pasado.

El día de ayer había empezado mal. Los trabajadores de Aerolíneas Argentinas habían logrado, por segundo día consecutivo, impedir el embarque de la mayoría de los pasajeros de la empresa española Iberia, en medio de un clima de tensión a raíz de los cordones policiales que bloquearon el acceso a Ezeiza. En tanto, unos 50 trabajadores de Aerolíneas Argentinas se encontraban, en ese momento, en el campamento ubicado en el hall del sector A de vuelos internacionales.

Durante la mañana, los gremios habían anticipado que iban a impedir la salida de vuelos de Iberia y de Air Plus.

En el acceso a Ezeiza, al mismo tiempo, por la autopista Ricchieri comenzó a montarse un operativo de seguridad a cargo de la Policía Federal y de Gendarmería Nacional, que requisaban a quienes pretendían acercarse al lugar.

Los efectivos de esas fuerzas de seguridad impidieron, a lo largo del día, el acceso de los empleados de Aerolíneas, que intentaban llegar al Aeropuerto para reclamar una solución al conflicto de la línea aérea. Para ello, se dispuso una serie de retenes que confluían en el destacamento policial del Barrio Aeronáutico, a dos kilómetros de la estación.

La Policía Aeronáutica, por su parte, incrementó los operativos dentro del Aeropuerto, donde los trabajadores de Aerolíneas intentaban demorar la partida de los vuelos de la empresa española Iberia. Precisamente, el servicio de esa compañía que debía partir hacia Madrid a las 14.15 despegó con casi una hora de demora, aunque desde el Aeropuerto se aclaró que ello se debió a las malas condiciones climáticas.

Y, en medio de todo el despliegue,
a las 17.30, una alarma de falsa bomba y la aparición de un bolso abandonado en el hall de ingreso de pasajeros del espigón internacional generaron el punto más crítico de la tarde. El bulto sospechoso apareció cerca de una escalera mecánica próxima a la zona donde está instalado el campamento de protesta de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas, de capitales españoles, situado frente a las oficinas de la aerolínea española Iberia. Tras desalojar el sector y pedir el cierre de todos los comercios, actuaron personal de Brigadas de Explosivos y bomberos de la Policía Federal, pero, finalmente, descartaron la existencia de peligro.

A esa misma hora, los ministros Mestre y Jaunarena se encontraban reunidos con los representantes de los gremios aeronáuticos, con quienes más tarde acordaría el «impasse».

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