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Durante la mañana, los gremios habían anticipado que iban a impedir la salida de vuelos de Iberia y de Air Plus.
En el acceso a Ezeiza, al mismo tiempo, por la autopista Ricchieri comenzó a montarse un operativo de seguridad a cargo de la Policía Federal y de Gendarmería Nacional, que requisaban a quienes pretendían acercarse al lugar.
Los efectivos de esas fuerzas de seguridad impidieron, a lo largo del día, el acceso de los empleados de Aerolíneas, que intentaban llegar al Aeropuerto para reclamar una solución al conflicto de la línea aérea. Para ello, se dispuso una serie de retenes que confluían en el destacamento policial del Barrio Aeronáutico, a dos kilómetros de la estación.
La Policía Aeronáutica, por su parte, incrementó los operativos dentro del Aeropuerto, donde los trabajadores de Aerolíneas intentaban demorar la partida de los vuelos de la empresa española Iberia. Precisamente, el servicio de esa compañía que debía partir hacia Madrid a las 14.15 despegó con casi una hora de demora, aunque desde el Aeropuerto se aclaró que ello se debió a las malas condiciones climáticas.
Y, en medio de todo el despliegue, a las 17.30, una alarma de falsa bomba y la aparición de un bolso abandonado en el hall de ingreso de pasajeros del espigón internacional generaron el punto más crítico de la tarde. El bulto sospechoso apareció cerca de una escalera mecánica próxima a la zona donde está instalado el campamento de protesta de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas, de capitales españoles, situado frente a las oficinas de la aerolínea española Iberia. Tras desalojar el sector y pedir el cierre de todos los comercios, actuaron personal de Brigadas de Explosivos y bomberos de la Policía Federal, pero, finalmente, descartaron la existencia de peligro.
A esa misma hora, los ministros Mestre y Jaunarena se encontraban reunidos con los representantes de los gremios aeronáuticos, con quienes más tarde acordaría el «impasse».



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