Languidecen los últimos días del año y también el mercado. Mirando hacia atrás, fueron tantos los hechos destacados en este 2005 que podrían llegar a merecer algún comentario, que no lo hacemos sólo porque al final ninguno de ellos terminó siendo verdaderamente significativo para los vaivenes bursátiles. ¿Quiere decir esto, que en los últimos doce meses hemos tenido un mercado autista? En los hechos sí, aunque mirando más de cerca lo que vemos es un mercado tan reconcentrado en sí mismo, que "lo de afuera" (sea la macroeconomía, la política y la geopolítica o el resto de los mercados) terminó volviéndose nimio. Como ha venido ocurriendo una y otra vez, los números de la economía mostraron ayer de nuevo su sonrisa, pero esto no sirvió para catalizar nada parecido ni a una suba ni tan siquiera a algo parecido al optimismo. Al final, sin que mediara nada significativo mas allá de la ausencia de interés (se negociaron apenas 1.000 millones de papeles en el NYSE y 1.200 millones en el NASDAQ) ocurrió lo más llamativo de la jornada: los precios se desplomaron. Claro que en el escenario que nos estamos moviendo, "desplomar" es algo muy relativo, ya que hace referencia a una baja de tan sólo 0,11% para el Dow (que cerró en 10.784,82 puntos) y 0,48% para el NASDAQ. La impresión ayer era que hasta los más optimistas habían dado por perdida la semana, y ahora sólo aguardan a que la semana que viene las cosas tomen otro carril. Reconociendo que lo que vamos a decir no tiene más valor que lo anecdótico, la tradición afirma que cuando Santa Claus no visita Wall Street el año siguiente es bajista.
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