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12 de marzo 2003 - 00:00

Un repaso de la situación del sistema financiero chileno

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Luego de la liberalización financiera y el exitoso ajuste impuesto por la crisis financiera de 1982-1983, el sistema financiero chileno ha logrado posicionarse como uno de los mejores entre las economías emergentes del mundo. El gobierno chileno ha promovido un riguroso marco regulatorio y, a través del banco central, ha demostrado su compromiso con la integridad del sistema bancario. En este contexto, la solvencia de la banca mejoró sensiblemente en los últimos años. En noviembre de 2002, la capitalización en relación a los activos de riesgo se incrementó a 13,9% desde 12,7% del año anterior, con todas las instituciones exhibiendo ratios de capital ponderado por riesgo de más del 10%.

Luego de un crecimiento anual de dos dígitos en los activos de los bancos hasta 1997, la actividad crediticia comenzó a moderar su expansión, en línea con la desaceleración de la economía chilena. En 2002, el crecimiento real de los préstamos ascendió a un exiguo 1,6%, como resultado de un auspicioso incremento del 12% de las financiaciones de consumo y una caída del 2.6% de los préstamos comerciales. Con una expansión casi nula del total de préstamos en los últimos cinco años, el crecimiento de depósitos se ha canalizado mayormente hacia activos líquidos.

El deterioro de la calidad de los activos de los bancos en los últimos cinco años constituye la principal señal negativa dentro del sistema. Los préstamos irregulares, luego de haberse mantenido estables en niveles bajos cercanos al 1% entre 1995 y 1997 aun según la definición menos estricta de préstamos en mora de las regulaciones chilenas, comenzaron a incrementarse a medida que Chile iniciaba en 1999 su primera recesión en 13 años, llegando al 1,8% del total de préstamos hacia el tercer trimestre de 2000. En ese momento, al comenzar la recuperación económica con modestos niveles de crecimiento, la tendencia adversa en la calidad de activos se detuvo, y los préstamos irregulares se mantuvieron relativamente estables desde entonces, registrando un 1,82% en diciembre de 2002.

El sistema financiero continúa exhibiendo una rentabilidad aceptable. Los márgenes financieros netos, principal fuente de ingresos de los bancos, se mantuvieron razonablemente constantes en los últimos cinco años, a pesar de la desaceleración de la economía. Asimismo, desde el segundo semestre de los años 90, la eficiencia operativa se ha constituido en una fortaleza adicional de la banca chilena (impulsada principalmente por las instituciones más grandes), reflejando las reformas estructurales de este período, que incluyen dos importantes fusiones en 2002. Los significativos gastos resultantes de los procesos de fusión y el crecimiento de las previsiones fueron las principales razones de la relativamente menor rentabilidad durante el año pasado.

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