25 de noviembre 2002 - 00:00

Un tercio ya había quedado disponible

Un tercio de los depósitos en cuentas corrientes y cajas de ahorro ya estaban fuera del «corralito», antes de la liberación que anunció el ministro de Economía, Roberto Lavagna. De los $ 21.700 millones de depósitos transaccionales que tiene el sistema financiero, $ 7.300 millones ya son de libre disponibilidad, con lo cual se trata de dinero que no tiene limitaciones para ser retirado.

De esta forma, la liberación total del «corralito» (tanto para personas físicas como para empresas) implicará en lo inmediato que $ 14.400 millones quedarán disponibles para su extracción en efectivo.

En el equipo económico y el Banco Central descartan que estos fondos que se liberan vayan a presionar al dólar. En realidad, se estima que es el dinero que como mínimo necesita la economía para que el sistema de transacciones permanezca aceitado.

La posibilidad de liberar el «corralito» ya se venía discutiendo hace varios meses. Pero hubo dos pruebas importantes que llevaron a Lavagna a tomar la decisión: el descongelamiento de depósitos reprogramados hasta $ 10.000 en octubre y el aumento de extracciones en efectivo permitida para los depósitos a la vista de $ 1.200 a $ 2.000 en noviembre. Ninguna de las dos decisiones presionó al dólar, que incluso continuó bajando tras un leve repunte a principios de octubre.


Aunque se espera que la liberación del «corralito» tenga un efecto neutro desde el punto de vista monetario, igual hay algunos aspectos que habrá que seguir monitoreando. Un tema central: hay $ 9.300 millones en plazos fijos que corresponden a dinero del «corralito». Además, hay casi $ 6.000 millones de plazos fijos de libre disponibilidad.

Cuando esas colocaciones venzan, los fondos quedarán automáticamente disponibles para su retiro. Los titulares de esos plazos fijos pueden renovarlos con tasas de interés atractivas, suscribir Lebac que ofrece el Central o también comprar dólares. Evidentemente, se trata de dinero que había sido destinado a un ahorro de corto plazo, pero que no forma parte del dinero considerado transaccional.

Además, los amparos continúan siendo una cuestión sin solución. En los primeros quince días de noviembre la cifra se ubicó en $ 500 millones. Esto implica un problema de liquidez para los bancos y, al mismo tiempo, más efectivo que se vuelca al mercado y que --eventualmente-podrían tener como destino la compra de divisas.

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