Berlín - El 12 de abril, cuando Néstor Kirchner pise tierra alemana, no se encontrará con un pueblo muy interesado en su visita. Para los alemanes, la Argentina es sinónimo de tango, carne y bonos en default. El presidente Köhler será quien lo reciba; sin embargo, este encuentro es meramente protocolar. La reunión que realmente importa es la que mantendrá con Gerhard Schröder.
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Alemania, sumergida en sus propia crisis, difícilmente ofrezca comprensión hacia la Argentina, y su posición será terminante frente a los bonistas que no entraron en el canje. Tampoco cederán tan fácilmente frente a la demanda entablada por Siemnens por la ruptura del contrato para la confección de los DNI durante la gestión del ex presidente Fernando de la Rúa. Es más, durante esta semana se lleva a cabo una conferencia internacional, organizada por el Ministerio de Economía y Cooperación de Alemania en la que se discutirá las políticas de préstamos para países emergentes, con la presencia de funcionarios del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Seguramente, el discurso más duro que Kirchner tendrá que escuchar sea el de Köhler, quien no olvida las penurias que la Argentina le hizo sufrir durante su paso por el FMI.
Sin embargo, a no preocuparse, tiene muy poco peso en la práctica. Es más, hasta los alemanes están un poco cansados de este presidente que se olvida de que su función es meramente protocolar y de que sus discursos deben tender a la unidad alemana. Apenas asumido, irritó a los alemanes del este al decirles que «dejen de llorar», en referencia a los problemas de adaptación que aún muestran los alemanes que durante 45 anos vivieron bajo el comunismo.
Sin embargo, el colmo fue cuando Köhler criticó duramente a Schröder por no tomar medidas para solucionar los problemas económicos, una intromisión que fue duramente criticada. Köhler, quien en la última década vivió fuera de Alemania, parece olvidarse de que su cargo no viene acompañado del ejercicio del poder. Quienes lo frecuentan dicen que extraña la presidencia del Fondo Monetario, donde su palabra tenía peso y bien que lo padeció la Argentina en su momento.
La muerte del Santo Padre sólo se percibe en esta ciudad por las banderas a media asta y por los informes periodísticos. El país donde nació Martín Lutero y dio origen a la iglesia protestante está más preocupado por su economía que por los avatares de la sucesión del principado católico. El desempleo, que alcanzó 11,7% en febrero, es el índice más alto de Europa, seguido por España y Francia, con 10,3% y 10,1%, respectivamente. La inestabilidad laboral, más un recorte importante en los beneficios del seguro de desempleo, lleva a que los pronósticos económicos vaticinen un enfriamiento de la economía. En 2004, el Producto Bruto Interno creció 1,5%, lejos de 2,7% de España y 2,1% de Francia, pero apenas superando a 1% de Italia. Los proyecciones de los economistas alemanes estiman para este año una suba del PBI de 1,1% y, para 2006, de 1,6%, pues se descarta la aplicación de políticas de ajuste. España, en el mismo período, crecerá 2,6%; Francia, 1,9%; e Italia, 1,2%.
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