El fantasma del escándalo por los presuntos sobornos a cambio de la reforma laboral resultó la excusa perfecta para que el PJ del Senado profundizara ayer su estado deliberativo por la ley de déficit cero. Encabezado por el entrerriano Augusto Alasino, el «grupo falta de mérito» --bauti-zado así en alusión a los senadores que quedaron a salvo de la causa judicial-llegó a reclamar que las negociaciones con el gobierno por el ajuste fueran a puertas abiertas. «No queremos que después vengan a difamarnos», simuló enojarse Alasino para justificar su posición de que no convenía votar tal como llegó la iniciativa de Diputados; es decir, de acuerdo con los deseos de la Casa Rosada. «En aquel momento, todo el quilombo empezó cuando pedimos que se incluyera una cláusula para garantizar que la ley de trabajo no era para bajar salarios y despedir gente», insistió el cacique de Concordia. «Ahora que viene Chrystian Colombo, que inviten también a los periodistas acreditados para que sean testigos de las conversaciones», propuso ayer el ex presidente del bloque opositor, no bien se enteró de que el jefe de Gabinete desembarcaba en el Congreso para acordar la votación de esta tarde.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Recreó en la memoria colectiva de sus colegas la secuencia de Alberto Flamarique, entonces ministro de Trabajo, tratando con el peronismo la letra chica de la reforma laboral, en abril de 2000. Flamarique se reunió en varias ocasiones con los legisladores en el despacho que le prestó Carlos Chacho Alvarez, en esa época vicepresidente.
Además de Alasino, Remo Costanzo y Alberto Tell, a esas discusiones asistieron los radicales José Genoud, Raúl Galván y Alcides López, entre otros. Todos ellos quedaron salpicados por la crisis de los supuestos sobornos. Como curio-sidad, quien cedía las oficinas y el senador más afín a Flamarique -contemporáneamente con las charlas, claro-, el frepasista Pedro Del Piero, fueron los únicos que intervinieron en esas tenidas y no recibieron acusaciones. Al contrario, se encargaron de echar sospechas sobre los demás delante de los «movileros», aunque las arriaron una vez que declararon en sede tribunalicia, donde dijeron que las tratativas se habían desarrollado de manera «normal».
Para completar el cuadro retrospectivo, algunos senadores evaluaban anoche llevar al recinto una cuestión de privilegio contra Antonio Cafiero por el mal trago que les hizo pasar con las denuncias por la presunta compra-venta de la reforma laboral. Sería trasladar a la sesión el fallo de la Cámara Federal que declaró el viernes pasado la falta de mérito sobre 7 legisladores investigados, y que puso en evidencia la falta de correlato entre las diatribas mediáticas y la pobreza de los testimonios al juez Carlos Liporaci que inició la pesquisa.
Dejá tu comentario