Martín Lagos, vicepresidente del Banco Central, intentó descomprimir la minicrisis que se cierne sobre la autoridad monetaria, desmintiendo categóricamente que, en caso de ser reemplazado Pedro Pou como titular, él ocuparía el sillón de la presidencia.
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Este diario informó el martes de la semana anterior que el gobierno, en aras de no potenciar la crisis ante el eventual alejamiento de Pou, su mano derecha en el Central, Martín Lagos (economista y banquero de reconocida trayectoria en el ambito local) sería designado como su reemplazante.
Pero esto en su afán de no embestir contra la campaña mediática montada por el monopolio «Clarín» y la izquierda vernácula que domina la Alianza.
Así el gobierno, con la aguerrida tibieza que caracteriza su gestión, optó por enviar un mensaje al mercado de que en caso de irse Pou, un hombre como Lagos, que cuenta con el beneplácito de sus pares y del sistema, sería el garante de que la entidad responsable de salvaguardar la convertibilidad no caería en manos de ningún político trasnochado. Atento a esta información, Lagos envió ayer una carta al director del diario (ver texto aparte) para comunicarle que desde el comienzo de la crisis les manifestó a dos miembros del gabinete nacional que no se prestaría a maniobras en pos de una remoción injustificada de Pou.
De esta forma, un nuevo capítulo de la controvertida novela desatada sobre la actuación de Pou en el Central da cuenta de cómo se le ha ido de las manos este entuerto al gobierno.
Todo ello se ve reflejado día a día en la caída de las cotizaciones de las acciones y títulos públicos argentinos.
Los inversores locales y extranjeros advierten que la independencia del Central, más allá de los nombres, es una se-ñal muy fuerte de que el país no ha vuelto a las andadas y ahora respeta las instituciones.
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