20 de agosto 2001 - 00:00

Vigilia en Olivos, a la espera de comunicados desde EE.UU.

El grupo central del gobierno se mantuvo durante el sábado y buena parte del domingo en Olivos, velando la posibilidad de que en Washington se comunique que el acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional está cerrado. Anoche Fernando de la Rúa convocó a Chrystian Colombo, Adalberto Rodríguez Giavarini, Nicolás Gallo y Domingo Cavallo con sus esposas para comer pizza y seguir por vía telefónica las tratativas que se siguen en los Estados Unidos.

Las vías de comunicación fueron principalmente dos. Cavallo, quien prometía a todos que el acuerdo era cuestión de horas, se mantuvo en contacto permanente con Horacio Liendo y Daniel Marx. Rodríguez Giavarini, por su lado, recibió varios llamados del embajador en Washington, Guillermo González, quien desde que comenzaron los contactos por un nuevo acuerdo siguió minuciosamente su gestión no sólo ante el gobierno de George Bush, también ante el Fondo Monetario Internacional.

Progreso

En la residencia se conjuraron ayer para destacar el valor del comunicado del G-7, sin demasiados comentarios: a falta de un anuncio más concreto, los funcionarios quisieron que ese pronunciamiento no se mezclara con ninguna otra voz que pudiera relativizarlo o disminuir el parco optimismo que destilaba. Las 7 naciones más industrializadas señalaron el progreso de las negociaciones y se mostraron optimistas sobre la posibilidad de una ayuda. «Nosotros pensamos exactamente igual», comentó uno de los contertulios de De la Rúa. Esta conducta se explica especialmente por el contexto interno en que se verifica: todo el gabinete se ha propuesto aplacar la ansiedad de Cavallo, quien resulta a menudo presa de arrebatos de ira por las admoniciones que llegan desde la oficina de Paul O'Neill, el secretario del Tesoro.

Sin embargo, hacia las 21, al lado del Presidente se seguía esperando que el Fondo emitiera un comunicado similar al de las siete potencias. Pero las señoras ya habían gastado varios temas en la tertulia y Colombo llevaba devorada casi una pizza completa, anoche, y ese bando no se había publicado. Es lógico ya que el respaldo del G-7 fue necesario por las dificultades para conseguir el del Fondo antes de la apertura de los mercados.

En rigor, lo que no llegó ayer y que por alguna razón más de un ministro del Ejecutivo esperó desde el sábado, es una señal del Tesoro de los Estados Unidos, que es la instancia decisiva por estas horas para que la Argentina reciba ayuda y convenza sobre la verosimilitud de su ajuste.

Mientras se esperaban más precisiones desde los Estados Unidos, los ministros comentaron algunos datos que iluminan bien el problema que enfrenta la Argentina si se la mira desde una perspectiva internacional. Giavarini y Cavallo cambiaron datos sobre la crisis de financiamiento posterior al tequila: «En 6 años la inversión dirigida a los mercados emergentes pasó de u$s 265.000 millones a u$s 30.000 millones. Esta es la brecha que debe superarse y no sabemos cómo hacerlo».

Alguien de la Presidencia comentó entonces que Jacques Chirac le envió a De la Rúa una carta prometiéndole que cuando le toque a él presidir el G-7 establecerá un mecanismo de consultas con los gobiernos de países emergentes, lo que tal vez reflote aquel Grupo de los 22 de convivencia entre naciones superdesarrolladas con otras en vías de desarrollo.

Si estos comentarios ganaron terreno en la reunión de Olivos, anoche, fue también por el resultado que tuvo la reunión del Grupo de Rio, que se congregó durante el fin de semana en Santiago de Chile. Allí los presidentes firmaron un documento sobre financiamiento internacional que fue uno de los respaldos más explícitos recibidos por la Argentina en la crisis actual, además de lo que cabe para la charla que mantuvieron Ricardo Lagos y George Bush, en la que el presidente de los Estados Unidos dio muestras de seguir detalladamente, minuto a minuto, la negociación con la comitiva que encabeza Marx.

En la casa del Presidente se escucharon anoche algunos comentarios sobre esa reunión de Santiago referidos a que la crisis está adquiriendo una dimensión regional que, si está disimulada, es por el impacto de la dramática situación argentina: «Nadie lo advierte aquí pero Chile devaluó 20% en lo que va del año y lo de Brasil comienza a verse riesgoso por los propios números del país más que por el impacto de nuestros propios problemas», le explicaron a De la Rúa, casi como una forma de consuelo.

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