9 de marzo 2006 - 00:00

Vuelven las amenazas de huelga en Aerolíneas

La reunión de ayer en el Ministerio de Trabajo entre directivos de Aerolíneas Argentinas y líderes de los gremios de pilotos y técnicos terminó como se preveía: sin huelga y sin acuerdo, una vez más. Sin embargo, Juan Pappalardo, titular interino de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA), afirmó que «las negociaciones fracasaron rotundamente» y volvió a amenazar con ir a la huelga. «Nos reuniremos con los compañeros pilotos para decidir medidas de fuerza en conjunto», advirtió.

En el ministerio que dirige Carlos Tomada los negociadores de la empresa volvieron a insistir en que no se moverán de la propuesta de 20% no remunerativo, mientras que los gremialistas reclamaron nuevamente un incremento de 45% remunerativo. Aerolíneas también rechazó de plano lo que califican de «intromisiones» en el manejo de la empresa (por caso, cuántas frecuencias de cabotaje le corresponden y cuántas a Austral, o la configuración de la flota de cada una de ellas), y los gremios insistieron en su teoría del « vaciamiento». Como se ve, las distancias parecen insalvables.

El único acuerdo al que se llegó es que hoy las partes volverán a convocarse en el mismolugar para decidir si aceptano no la mediación de la cartera laboral. De ser afirmativa la respuesta de la empresa y de los sindicalistas, se abriría un nuevo período de «paz» similar al que estuvo vigente desde el fin del último paro salvaje (2 de diciembre) hasta el pasado 2 de marzo. En ese lapso no se producirían nuevas medidas de fuerza ni se alteraría el status laboral de los empleados de Aerolíneas. Sin embargo, las palabras de Pappalardo dan que pensar si lo suyo es sólo una «apretada» para negociar en mejores condiciones o si efectivamente en los sindicatos hay voluntad de volver a parar la compañía.

• Promesas incumplidas

Lo previsible del resultado del encuentro de la víspera es compatible con la irreductibilidad de las posiciones. A pesar de que es un hecho que el gobierno ha presionado a los sindicatos para evitarse repetir el disgusto de diez días sin vuelos (como sucedió el año pasado), también es cierto que ninguna de las promesas efectuadas por el gobierno a la empresa en esa oportunidad se han concretado, y esto -desde ya- no es una buena señal para los accionistas de Aerolíneas.

Una de esas promesas era no volver a impugnar los balances de la empresa, y si bien la compañía promete aclarar el tema antes de que termine la semana, el subsecretario de Transporte Aerocomercial Ricardo Cirielli salió en las últimas horas de su pertinaz silencio para asegurar que sí se impugnaron los estados contables del último ejercicio.

Otra de esas promesas era justamente
la remoción de Cirielli, pero el funcionario (y secretario general de los técnicos en uso de licencia gremial) ha reaparecido en escena con renovados bríos, y nada hace suponer que vaya a ser reemplazado.

Obviamente, el tercer gran tema de esa batería de compromisos era
el «retoque» del cuadro tarifario que debería haberse producido apenas terminadas las vacaciones estivales; llegó marzo y nada hace suponer que el gobierno conceda aumentos.

Por eso, y por el cariz que tomó la asamblea de la víspera,
Aerolíneas dio a conocer el escrito que le presentaron a Noemí Rial, la viceministra de Trabajo. En realidad las cartas son dos: hay otra idéntica, pero donde se lee APLA (gremio de los pilotos) se lo reemplaza por APTA.

En ambas se dice que
«desde julio de 2005 la empresa trabajó sobre una agenda original propuesta por APLA a la que en varias oportunidades el gremio sumó nuevos temas». Esto, afirma Aerolíneas, «no hace otra cosa que extender en el tiempo el presente conflicto». Finalmente, ratifican la oferta hecha la semana pasada, «que resuelve de manera favorable la mayoría de los planteos hechos por APLA». Después de reafirmar que lo que ofertan es lo que pueden pagar, dicen que « entendemos que las pretensiones de APLA comprometerían nuestra actividad con la consiguiente pérdida de fuentes de trabajo; la paralización de esa actividad perjudicaría el desarrollo turístico del país y perjudicaría a la Nación».

Como se ve, duros términos desde las dos trincheras, que prenunciarían días complicados para los pasajeros.

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