Periodista: El debate se propaga. Las economías de Japón y Alemania pierden potencia. Estados Unidos no se librará de una afeitada leve -¿un cuarto de punto?- en su tasa de expansión en el primer trimestre. Y ahora son las compañías las que acusan recibo del coronavirus. Apple es el primer coloso que abrió el paraguas y mochó sus proyecciones de ventas de pocas semanas atrás. Las cadenas de producción están muy afectadas.
G. G.: No hay discusión. Sobre todo en Wall Street, Apple recorta sus números esperados de ganancia (después de hora) y el Nasdaq, al día siguiente, se encarama a un nuevo récord. Y hoy (por ayer), dos días después, la trilogía de índices principales -esto es, también el S&P500 y el Dow Jones Industrial- se monta en la cima.
P.: ¿No hay con qué darle a la Bolsa? El Nasdaq escaló el 10% en lo que va del año, y un 59% desde los mínimos que estableció de diciembre de 2018.
G. G.: La suba supera con holgura las estimaciones más optimistas.
P.: Y lo hace a pesar de dos contratiempos delicados, totalmente fuera de agenda, como el asesinato del general Soleimani en Irak y la epidemia de coronavirus. No se notificó siquiera.
G. G.: Conste, además, que hay una galería de problemáticos cisnes blancos -como los llama Nouriel Roubini- que no tienen visos de marcharse.
P.: No importa. El paso de los toros es arrollador. Si no es esto una burbuja…
G. G.: Dice Leon Cooperman -el legendario manager del fondo de cobertura Omega- que no enfrentamos una euforia desatada a pleno sino un principio de euforia.
P.: Una sutileza...
G. G.: Lo que está diciendo es que prevé que la embestida no se detendrá todavía.
P.: La frutilla del postre, como dijo usted, es que el coronavirus arroje signos de moderarse.
G. G.: Muy probablemente...
P.: Ya se está hablando de recesión en Japón. Y los números de Alemania apuntan en la misma dirección. La rentabilidad de las compañías, como avisó Apple, volverá a resentirse cuando aún no se recuperó del chasco de la puja comercial entre Trump y Xi Jinping. Y el mercado quiere creer que la epidemia comenzará a retraerse en un par de semanas, pero no tiene ninguna seguridad de que eso ocurra. ¿No es un rally accionario sobre una cáscara de banana?
G. G.: No creería en tanto vigor si no lo estuviera observando. ¿Qué puede salir mal? Que el virus siga percutiendo en alza durante todo marzo, por ejemplo. ¿Cómo descartarlo? Y, sin embargo, la Bolsa no titubea. Podría corregir cómodamente y volver a trepar cuando esta incógnita empiece a develarse. Y no lo hace. No se anima a bajarse del tren.
P.: El “warning” de Apple era un ejemplo de manual sobre cómo gatillar un traspié. Y nada.
G. G.: Si usted pasa el peine fino verá que las compañías con más exposición en China del S&P500 han caído en lo que va de 2020. Pero es apenas una nota al pie en la crónica de un mercado bull formidable.
P.: Cuando arrancó la percepción de una epidemia a gran escala, usted decía que se “curaba” con buenos balances. Ahora, Apple nos enseña que no hace falta ni eso...
G. G.: No exageremos tampoco. No me gustaría asistir a una oleada inacabable de alertas. Pero está claro que toda agachada será un mero y lógico descanso. Este avance denota una increíble convicción de fondo. Las ganancias no están inflándose sino los precios. Son los múltiplos los que crecen y crecen sin pausa. Aumentaron el 25% el año pasado y la generosidad no se detiene.
P.: Las mayores utilidades prometidas siguen en deuda.
G. G.: Nadie las exige hoy sobre la mesa. Después de 71 recortes de tasa de interés en el mundo en 2019 el tiempo no es tanto dinero. Y si el virus se agrava los bancos centrales nos vacunarán nuevamente.
P.: Y después se preguntan cuándo se desarrollará una vacuna contra el virus. ¿Estamos condenados al éxito?
G. G.: Las elecciones son el tema sensible de 2020. Y mientras Trump se reelija, Wall Street da la impresión de soportar cualquier otro castigo.
Dejá tu comentario