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4 de agosto 2021 - 00:00

Diálogos de Wall Street

¿Cómo entender, Gordon Gekko, que las tasas largas sigan bajando?

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Periodista: El enigma de las tasas largas no se resuelve, y se agranda. La economía de EE.UU. superó su máximo prepandemia, crece tres veces más rápido que su límite potencial, y las tasas de diez años cayeron más de medio punto desde fines de marzo. ¿Cómo explicar esa extraña pareja?

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Gordon Gekko: Es un trío. Además, la inflación es el doble de la meta. El deflactor del gasto de consumo personal en los últimos doce meses subió 4%.

P.: ¿Y entonces?

G.G.: Vamos por partes. La relación pacífica entre las tasas largas de interés y la inflación es sencilla de descifrar.

P.: ¿Le parece?

G.G.: Quizás sea difícil de creer, pero la explicación es muy prolija. La inflación promedio subió mucho, pero tironeada por grandes aumentos en la cola de la distribución, ítems muy vinculados con la reapertura de la economía y la flexibilización de las restricciones sanitarias. El corazón de la distribución se mantiene, algo por encima de la meta de 2% (muy por debajo, por ejemplo, de lo que exhibía en 2019). No existe un contagio significativo a pesar de las fuertes presiones de costos y las escaseces. Las expectativas de inflación son estables. Y los mercados de bonos compran el libreto de la Fed.

P.: Compran esa parte del libreto. La inflación transitoria. Pero están cuestionando el crecimiento. Y esa es la parte más importante. Después de todo es la razón de ser de la política económica tan agresiva.

G.G.: Es mejor que discutan ese capítulo, y no la inflación. Es preferible que los bonos no crean en un crecimiento robusto porque, al fin y al cabo, la prueba está a la vista.

P.: Pero es una piedra en el zapato.

G.G.: Las acciones no tienen objeciones. La Bolsa cotiza en récords. Y es la opinión más autorizada.

P.: ¿Está seguro? En el corto plazo, puede ser. Pero no hay mejor predictor de la fortaleza de una economía a un año vista que la curva de rendimientos. Y el mensaje que emite no es tan auspicioso.

G.G.: No lo niego. Y por eso sería importante poder descifrar el enigma.

P.: La economía se desacelera. Ahí no hay discusión.

G.G.: Ni hay un problema tampoco. Eso está en el diseño del plan.

P.: Ok. Pero la pendiente de la curva se aplana, y trasunta debilidad. Y es demasiado temprano para ello. ¿O me equivoco?

G.G.: Usted sabe que no. En los tres últimos ciclos (o sea, desde 1990), la curva alcanzó una pendiente máxima mucho más adelante y no al nivel de los 160 puntos base que vimos en marzo.

P.: Dos años más tarde y unos 100 puntos base más alto.

G.G.: Como contrapunto le diría que la curva tenía en 2017 una pendiente como la actual -100 puntos base- y la recesión no asomó hasta febrero de 2020. Y por culpa del covid. La complicación viene por el lado de las tasas reales negativas. Toda la curva de los bonos TIPS (los títulos del Tesoro indexados a la inflación) rinde por debajo de cero.

P.: ¿Nunca había pasado?

G.G.: Nunca así. Fugazmente, cuando Bernanke anunció el tapering en 2013, sí. Pero fue en plena zozobra. Hoy en cambio la Bolsa habita el mejor de los mundos, y los mercados financieros no están estresados.

P.: ¿Qué decir del “techo” de la deuda pública? Terminó la suspensión por dos años, y vuelve a estar vigente. ¿A nadie le preocupa una colisión?

G.G.: Janet Yellen, la secretaria del Tesoro, le pide al Congreso que tome cartas en el asunto. Pero no asusta a nadie más.

P.: Ya se arreglará. ¿O qué?

G.G.: Siempre fue así. Pero en 2011 la disputa llevó a que la agencia S&P le quitara la calificación AAA a la deuda soberana de EE.UU. Y Wall Street quedó al borde del abismo de un mercado bear.

P.: Por lo visto, esta vez no le quita el sueño a nadie. Las tasas largas caen, como decíamos, y no están trepando.

G.G.: Las tasas largas también cayeron en 2011. Nadie piensa en matar la gallina de los huevos de oro. No se imagine un default; a lo sumo, un cierre de gobierno (y ahora tampoco porque los republicanos aprendieron que puede ser un búmeran, y después de la toma del Capitolio, no creo que estén con ganas de otra aventura). Pero si la cosa se complica la factura la pagará la Bolsa. Claro que Yellen tiene artilugios para patear todo por tres meses más.

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