Periodista: Nos adentramos en un festival de bancos centrales y balances. ¿No se supone que los mercados deben estar al borde de una crisis de nervios?
Periodista: Nos adentramos en un festival de bancos centrales y balances. ¿No se supone que los mercados deben estar al borde de una crisis de nervios?
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Gordon Gekko: A esta altura, todos saben, o creen saber, cómo se va a acomodar la carga cuando concluya la función.
P.: ¿No es extraño que se piense que habrá noticias sin sorpresas?
G.G.: A eso lo llaman “forward guidance”. Es la tarea paciente de los banqueros centrales de comunicar los actos propios con antelación.
P.: ¿Las Bolsas le perdieron el miedo a las subas de tasas y a los tropiezos de los balances?
G.G.: No del todo. Pero la convicción es que tendremos menos de ambos.
P.: ¿No es llamativo?
G.G.: Así son los mercados. Ciclotímicos. Mire la cantidad de acciones que establecen nuevos máximos de 52 semanas; el VIX, la volatilidad implícita de las acciones, por debajo de 20; el veloz derrumbe del ratio de opciones de venta a opciones de compra (el ratio put/call); y se dará cuenta cómo cambió el ánimo. Lo que ve hoy no existía en diciembre.
P.: ¿Cómo fue que pasó?
G.G.: Hubo que cortar clavos. Morder la banquina. Y cerciorarse bien de la data importante. La inflación baja, y rápido. Esencialmente, en todas partes. La recesión, por increíble que parezca, sigue siendo una amenaza, no una realidad. Hasta el FMI revisó sus proyecciones recién salidas del horno. De esperar dos terceras partes del PBI mundial en contracción, hoy Gran Bretaña es el único país del G7 con pronóstico reservado.
P.: ¿Qué dice de los balances?
G.G.: Hasta ahora, las ganancias por acción de las compañías del S&P500 caen 5% interanual. ¿Dónde hay que firmar para que todo termine así?
P.: La Fed no quería euforia pero igual se hizo un lugar.
G.G.: No es euforia, y mucho menos intención de torear a Powell. Son noticias mejores. Es cobertura de posiciones cortas que, para peor, a lo largo de diciembre se hicieron más grandes. Y rebalanceo de carteras. Había pocas acciones y demasiado en bonos, además de cash.
P.: ¿Anotamos un cuarto de punto de suba para la Fed mañana? ¿Y sendos ajustes de medio punto a la orden del BCE y del Banco de Inglaterra, el jueves?
G.G.: Sí. Cualquier otro resultado sería, efectivamente, una sorpresa.
P.: ¿No querrá la Fed evitar el frenesí y dar un baldazo de agua fría?
G.G.: Sí, pero la decisión de tasa se tomará por sus propios méritos. Después de ver los índices de costo de empleo -con una desaceleración sensible de la marcha de salarios y compensaciones- y Case Shiller -con la quinta caída mensual consecutiva del precio de la vivienda a nivel nacional- no hay razón para alterar la partitura prevista. El discurso -la conferencia de prensa- es el instrumento que tiene Powell para aplacar estados febriles que interfieran con sus planes.
P.: La Fed comunica que no podará las tasas en 2023. Los mercados se empecinan en creer que sí. ¿No es otro motivo para querer provocar una sorpresa?
G.G.: Izar la tasa medio punto -como recomienda James Bullard- amén de causar sorpresa, y quizás zozobra, alentaría aún más la idea de que la Fed deberá recortar las tasas pronto. Bullard ya no tiene voto. El otro halcón prominente, el gobernador Waller, sí. Y está cómodo con un cuarto de punto. Un proceso suave de ajuste es más probable que perdure.
P.: El Banco de Canadá avisó, después de elevar la tasa, que pasa a cuarteles de invierno. ¿No sería una gran sorpresa si la Fed le copiara los pasos?
G.G.: Espere un balde de agua fría, no un tónico estimulante. La Fed nos dejará la idea de que hay otro cuarto de punto esperando en marzo. La realidad tendrá la última palabra. Un mes y medio es tiempo suficiente para que se haga escuchar si fuera conveniente revisar la estrategia.
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