4 de mayo 2011 - 00:00

“1977”: los años oscuros con una mirada diferente

“1977”: los años oscuros con una mirada diferente
Favio Gabriel Kobielusz, «1977» (Ed. Milena Caserola, 2009, 84 págs). 

Ante la posibilidad de repetir el séptimo (y último) grado del colegio primario, y entendiendo que su infancia difícil se está por convertir en una pesadilla adolescente, un chico de barrio abandona todo escrúpulo y, dejándose llevar por todo tipo de malas influencias televisivas, como la serie «Ladrón sin destino», opta por falsificar su boletín plagado de calificaciones «poco satisfactorias».

Para su sorpresa, descubierta su patraña, no resulta tan grave al lado de otras cosas terribles que el pobre teenager apenas llega a percibir, aun cuando de vez en cuando lo hacen salir de la escuela rodeado de soldados armados como John Wayne en Iwo Jima.

Refugiado en sus influencias televisivas de las tardes de sábados de super accion, el derrumbe del vecindario de Parque Patricios -casas barridas por una autopista- es asimilado por el joven e inexperto falsificador de boletines como un equivalente del Nerón del clásico épico que vio en la última maratón de films de Semana Santa. No todo lo que pasa la TV es tan terrible: el pacifismo de Kung Fu lo hace interesarse por el taoísmo, sobre todo en lo que tenga que ver con trifulcas entre las distintas barras bravas del barrio. Luego, en uno de esos giros irónicos de la vida, el cine Rivas lo deja entrar a películas prohibidas para menores de 14 años: el monocromático Kung Fu no pudo competir con los rojísimos chorros de sangre en pantalle grande del «Tiburón» de Spielberg, o las explosiones en Sensorround de «La Batalla de Midway».

Acostumbrándose a ser custodiado a la salida del colegio por soldados armados hasta los dientes, el pequeño freak del cine catástrofe se dedica a diseñar simulacros en escala, armando pequeñas maquetas de sets imaginarios sólo construidos para el raptus apocalíptico que lo hace sentir como un pequeño Nerón listo para barrer o quemar cualquier edificio de Parque Patricios .

Al final, el púber Favio Gabriel Kobielusz de esta nouvelle autobiográfica logra un equilibrio entre la ficción y la realidad, lo que nos lleva a los chetos de jeans de marca y los «asaltos» sólo pergeñados para bailar un «lento» con alguna chica más amable que bonita.

Como relato autobiográfico sin pautas ideológicas o pretensiones de literatura seria, «1977» ofrece una descripción única, totalmente genuina y personal, ajena a cualquier estereotipo sobre esos años oscuros.

En todo caso, el chico del relato se rebautizó Vil Montoya y se ocupo de arrojar y difundir buenas ondas en términos musicales, ya sea como miembro esencial de bandas de culto como Los Telépatas, o de productor de las legendarias fiestas raves de los 90 que incluían globos aerostáticos al mejor estilo Julio Verne. Montoya volvió a ser Kobielusz para firmar esta rara autobiografía teenager -y también el libro de poemas «Free Shop»-, casi como previendo su muerte, que no ocurrió antes de darse tiempo para tocar un par de canciones junto en el piquete aborigen en el centro, hace apenas un par de semanas.

Diego Curubeto

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