12 de septiembre 2016 - 00:00

A 15 años del terror, EE.UU. se expone a una guerra perenne

Desde que Barack Obama puso punto final a las intervenciones en Irak y Afganistán, las organizaciones extremistas crecieron y la amenaza a Occidente aun persiste.

Herencia. En 2009 Barack Obama recibió un país hastiado de la implicación en Irak y Afganistán. Quien lo suceda deberá afrontar la metástasis del Estado Islámico (EI) en Medio Oriente.
Herencia. En 2009 Barack Obama recibió un país hastiado de la implicación en Irak y Afganistán. Quien lo suceda deberá afrontar la metástasis del Estado Islámico (EI) en Medio Oriente.
Nueva York - El 11 de septiembre de 2001 cambió para siempre la diplomacia y la política de seguridad de Estados Unidos, que desde entonces libra una guerra perpetua contra el yihadismo sin lograr poner fin al caos en Medio Oriente.

Barack Obama, que dejará la Casa Blanca en enero, será recordado como el presidente que sacó a su país de los pantanos de Irak y Afganistán, guerras iniciadas por su predecesor republicano George W. Bush en respuesta a los peores atentados de la historia y bajo la bandera de la "guerra mundial contra el terrorismo".

Pero, "15 años después del 11 de septiembre, la crisis en Medio Oriente, las metástasis del EI (Estado Islámico), la radicalización en internet y los atentados en Occidente impiden enterrar el paradigma de esa lucha", estimó Tamara Cofman Wittes, directora de investigación de Brookings, para el Foro Económico Mundial. De hecho, la primera potencia mundial permanece comprometida militarmente, de manera limitada o dando apoyo logístico, en múltiples teatros de operaciones: en Siria, Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia o Nigeria ante una infinidad de insurrecciones islamistas.

"Obama piensa que hay que evitar las grandes guerras que agravan las cosas", explicó Hussein Ibish, investigador del Arab Gulf States Institute en Washington, y es por ello que el fomentó el uso de nuevas estrategias como drones, fuerzas especiales y la formación de ejércitos locales. El costo humano y financiero es ahora más limitado, tras 5.300 soldados estadounidenses muertos y 50.000 heridos, además de 1,6 billones de dólares gastados entre 2001 y 2014 en Irak y en Afganistán, de acuerdo con datos del Capitolio

La política militar de Obama había terminado en mayo de 2011 cuando fuerzas especiales estadounidenses mataron en su casa en Pakistán al jefe de Al Qaeda responsable de los ataques del 11 de septiembre, Osama bin Laden.

Pero para Ibish, este "uso limitado de los recursos" militares "se parece a una guerra ininterrumpida". "Es incluso más que una guerra permanente, porque los recursos militares limitados no pueden hacer nada contra la inestabilidad" de los conflictos regionales, criticó el analista, al considerar que la administración Obama "aceptó que el caos actual es insoluble".

De hecho, para el drama sirio no se vislumbra ninguna paz duradera, a pesar de las intervenciones militares y los intentos diplomáticos de Estados Unidos y Rusia. Además, los candidatos a las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, Hillary Clinton y Donald Trump, no prevén un nuevo compromiso de envergadura del Ejército estadounidense en Medio Oriente.

Quince años después del 11 de septiembre, "la respuesta militar no es la adecuada, puesto que el terrorismo no representa una amenaza existencial" para Estados Unidos, explicó a Amy Greene, una investigadora estadounidense de la universidad Sciences-Po de París. Sin embargo, Obama, quien había considerado en enero que el grupo EI "no representaba una amenaza existencial para la nación", reconoció el sábado que la "amenaza terrorista evolucionó.

No obstante, Greene señaló que "no hubo un ataque en suelo estadounidense de la misma amplitud" que los atentados del 11-S, minuciosamente preparados y que dejaron casi 3.000 muertos.

Eso no impide que Washington tema que islamistas locales cometan atentados más rudimentarios, como ya ocurrió con el tiroteo de junio en Florida, a manos de un estadounidense de origen afgano (49 muertos); o el de diciembre pasado en California, cometido por un americano de origen paquistaní y su esposa (14 muertos).

Frente a la amenaza "terrorista", Estados Unidos ha alimentado un tentacular sistema de vigilancia e inteligencia tanto en su territorio como en el extranjero.

El presupuesto para la CIA, el FBI y la NSA casi se ha duplicado desde 2001. "Para el FBI, la amenaza que dominará los próximos cinco años será la destrucción del califato" del EI, justificó el director de la institución, James Comey. Desde la votación de la "Patriot Act" (Ley Patriota) tras el 11-S, "revalidada por Obama, los estadounidenses aceptaron ceder parte de sus libertades", lamentó Greene.

Según un sondeo del Pew Research Center, un 40% de los estadounidenses teme que "los terroristas tengan más capacidad que la del 11 de septiembre para lanzar un nuevo gran ataque" contra el país, la tasa más alta desde 2002. "El EI insta a sus simpatizantes a atacar a estadounidenses estén donde estén", advirtió el Departamento de Estado, en una nueva llamada de atención mundial sobre el riesgo "terrorista".

Agencia AFP

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